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El mini-autobús de Rosa

Peugeot 104Nos encontramos un domingo a media tarde en una estrecha carretera comarcal, el recorrido se encuentra bordeado de árboles y alguna que otra casa de campo perdida. Aquella es una típica carretera de montaña con muchas curvas y el pavimento con abundantes baches alquitranados con mayor o menor fortuna.

De repente, aparece un coche de pequeñas dimensiones circulando alegremente. En su interior viajan dos personas que conocemos bastante bien. La que conduce se trata de la Rosa y sentada a su lado encontramos a Sara, con una evidente cara de pocos amigos.

-Pero porque siempre tienes que ir arriba y abajo con coches viejos, Rosa?

-¡Que te repito que no es ningún vejestorio! Es un Peugeot 104 de los años setenta a cual acabo de restaurar el motor. Es lógico que quiera aprovechar un día como hoy para probarlo, ¿no? -Responde con evidente indignación Rosa.

-Y no te basta de ir con trastos vetustos que encima son encogidos... Porque mira que es ridículo este coche. Tendrá cinco puertas y todo lo que quieras, pero no hay bicho que se pueda mover aquí dentro. -Se defiende Sara.

Ciertamente a la chica no le falta razón, pues diseñado especialmente para circular en un ámbito ciudadano, aquel vehículo se trata de un pequeño turismo compacto que apenas supera los tres metros y medio de longitud. Incorporando un motor de novecientos cincuenta centímetros cúbicos, aquella versión que conduce Rosa es probablemente la más modesta de todas, siendo incapaz de mostrarse ágil en ninguna circunstancia.

La conductora mira a su compañera de reojo aunque se reprime cualquier respuesta que pueda ocasionar más conflictos. Cabe decir que casi durante toda la mañana Sara ha puesto sus nervios a prueba. Se anima pensando que esa jornada por fin está finalizando y pronto espera dejar a Sara en la puerta de su casa. ¡Y que la aguante su marido!

Llevando el equipo de grabación móvil de la emisora, las dos chicas se han desplazado al tradicional encuentro del Cuerno que se realiza el segundo domingo de abril. Este encuentro anual se llama así porque, viéndose obligados a dejar los vehículos a pie de carretera, los asistentes han de subir a pie hasta la pequeña ermita de San Hermenegildo situada en lo alto del Cerro del Cuerno.

Se trata de una romería tradicional en honor al santo que año tras año acoge mucha gente del pueblo y las regiones. Apenas terminada la ceremonia religiosa dentro de la ermita se realiza una comida al aire libre amenizado con un poco de música en directo. En este punto también se suele hacer algún que otro recital ya sea musical como literario, con el peligro de lluvia que esto puede comportar. A media tarde y si el tiempo lo permite, se reparte un poco de pan con chocolate a cada asistente que lo desee, dándose por finalizada la jornada.

Cabe decir que uno de los atractivos de la fiesta es justamente el magnífico paisaje que se observa desde el Cerro del Cuerno en estos días de primavera, observándose un valle absolutamente verde. Rosa hacía bastantes años que no subía, emocionándose al reencontrarse con aquel paisaje del cual está absolutamente enamorada. No puede evitar compararlo con el paisaje irlandés que conoció cuando vivió en ese país años atrás.

Este año algunas escuelas del valle se han puesto de acuerdo en ofrecer a los asistentes un recital de poemas infantiles, pidiendo la emisora si podía "cubrir" el acto. Lo cierto es que según Rosa aquel recital podía ser capaz de hacer dormir incluso a las piedras, aunque la nota de "diversión" la ha puesto Sara durante el transcurso del mismo.

Aprovechando la presencia del equipo de la emisora, durante todo el tiempo se ha utilizado el micrófono y una pequeña mesa de sonido que además permitía grabar el recital para emitirlo posteriormente por antena. Sin embargo, la amiga de la Rosa, casi obsesionada a obtener la mejor acústica posible en un espacio abierto y además con viento, se ha convertido en una improvisada pero omnipresente maestra de ceremonias, ya que a cada instante recolocaba el micrófono, incluso hasta en el momento en que los pequeños estaban recitando su trabajo. Cabe decir que los acoplamientos y distorsiones del sonido han sido los que hacen época.

Y por si fuera poco, aprovechando que pronto se celebran las elecciones municipales, algunos candidatos de idéntico color político han realizado un discurso conjunto, invitando además a un político de la capital. Todo habría ido relativamente bien a no ser que en el discurso de casi una hora (o según el alcalde del pueblo "sólo cuatro palabras de nuestro ilustre invitado"), el micrófono falló más que una escopeta de feria.

Se nota cuando alguien está acostumbrado a hablar a través de micrófonos de forma habitual, pues este político casi en ningún momento ha hecho mala cara o gesto de sorpresa, ni siquiera con la omnipresente sonrisa irónica de Sara. Obviamente la chica no comparte los colores políticos que el buen hombre representa, pero menos mal que Rosa ha salido del paso haciendo algunas preguntas y registrando las respuestas para pasarlas al noticiario de la emisora.

Todo esto había puesto de mal humor a Rosa, y ahora bajando de la reunión, incluso Sara se atreve a criticar el coche que tantos esfuerzos le ha pedido. ¡Esto ya es el acabose!

A medida que van bajando, las chicas observan como el cielo se oscurece muy rápidamente hasta que repentinamente cae una buena tromba de agua combinada incluso con un poco de granizo. Es justo en ese momento cuando observan que un poco más adelante hay un pequeño grupo que bajan a pie, apresurando el paso para llegar lo antes posible al pueblo. Sin embargo, aún tienen unos cuantos kilómetros por delante.

Repentinamente Rosa para casi en seco el vehículo ante la cara de sorpresa de Sara.

-¿Y esto? ¿Se puede saber porque frenas tú ahora? -Interroga esta última.

-Pues para invitar a esta buena gente a que suban al coche. Está cayendo una buena y aquí al menos estarán a cubierto...

-Espera espera espera ... ¿A ti como te enseñaron a contar en la escuela? Ahí afuera hay cinco personas, que sumadas a dos que somos nosotros hace un total de siete. ¿Dónde crees que cabrán? ¿Piensas acaso que vas con un autobús?

-Ya lo se que es pequeño. ¿Crees que no me he dado cuenta de esto? -Se defiende Rosa-Pero con un poco de cariño seguro que cabemos todos. Además, por cuatro kilómetros que nos quedan hasta llegar al pueblo no pasará nada...

Rápidamente Rosa invita a subir a ese pequeño grupo, el cual evidentemente acepta encantado aunque con cierta sorpresa al comprobar las pequeñas dimensiones del vehículo. Tal como buenamente pueden se aprietan lo máximo posible y consiguen cerrar las puertas del coche, agradeciendo el auxilio de las chicas. Sara les responde con su mejor sonrisa.

Pero tal y como aseguraba el señor Murphy, si las cosas han de empeorar, no sólo irán mal, sino que saldrán de la peor forma posible. A la entrada del pueblo se ha situado un control policial de la policía, el cual está encabezado por el agente Paco.

Al ver el panorama y el rumbo trágico que puede tomar la situación, a Rosa le resbala una gota de sudor frío por la mejilla. Con lo repleto que va el coche será un auténtico milagro si no los detienen. Y en este caso el milagro brilla por su ausencia, pues Paco hace indicaciones al coche para que éste se detenga.

-Buenas tardes señorita y compañía - dice el agente mientras se pone la mano ante la gorra a modo de gesto de saludo- ¿Ha visto usted que lleva un "exceso de carga"?

Con un gesto espontáneo a la vez que inocente, Rosa hace un vistazo al asiento de al lado, volviéndose inmediatamente para observar la parte posterior del habitáculo, casi sorprendiéndose al observar tantas personas. Mirando de nuevo el agente de la autoridad y encogiéndose de hombros, responde con un lacónico sí, el cual suena más como una interrogación que como una afirmación.

Justo en ese momento, los pasajeros del coche intentan defender la iniciativa de la joven, hablando todos a la vez.

-Es que llovía y...

-Claro... Ha temido que pilláramos un catarro…

-Con este callo en el pié no se como habría bajado. Suerte que ella se ha detenido y...

Viéndose envalentonada por la defensa que le procuran los demás, Rosa también intenta dar su versión de los hechos, gesticulando ostensiblemente con el objetivo de potenciar sus argumentos. La única ocupante del vehículo que está absolutamente callada es Sara, quien observa la escena con una cara totalmente impasible.

En un breve instante eso se convierte en un auténtico follón, aunque Paco finalmente impone silencio con un gesto de autoridad. De repente todo el mundo calla, momento en que el agente da una nueva ojeada al interior del vehículo mientras se rasca la cabeza.

Repentinamente ordena que todo el mundo baje del coche, orden que es inmediatamente seguida por todos los ocupantes del vehículo. Una vez que todas las personas se encuentran fuera, Paco les indica que por favor vuelvan a subir al vehículo.

De nuevo el agente se vuelve a rascar la cabeza, ordenando que vuelvan a bajar y una vez todo el mundo esta fuera, les vuelve a pedir que suban al vehículo. En cierto modo, esa situación resulta surrealista.

Finalmente, con una cara de autentica sorpresa, Paco se dirige a Rosa diciéndole -Mira chica, todavía no entiendo cómo os lo hacéis. ¡Venga va, circule, circule!

Totalmente sorprendida, Rosa conecta de nuevo el coche y sin decir nada ni hacer casi ningún gesto marcha a toda velocidad. Todavía no entiende cómo se ha salvado de una acción del todo segura, aunque tampoco quiere arriesgarse a preguntar el porqué de su actitud a Paco, no sea que se lo reconsidere...

Viendo como se marcha el coche, el compañero de Paco se acerca a éste para pedirle explicaciones de su extraña decisión.

-Mira chico, cuando llevas años de servicio, uno aprende a dar carpetazo a cierto tipo de asuntos.

Paco es un buen hombre. Probablemente él habría hecho lo mismo que Rosa en su lugar situación...



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Cinco relatos para ver la vida con optimismo. Recopilatorio relatos de Rosa

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En un periodo de crisis económica como el actual, probablemente el hecho de escribir un libro en clave positiva podría casi calificarse de toda una heroicidad o como mínimo de nadar a contracorriente.

Pero sinceramente… ¿Para qué añadir más argumentos (y encima repetitivos) a la depresión colectiva que actualmente tenemos personas como usted o como yo? Para ello ya disponemos de noticiarios y tertulias televisivas que se encargan constantemente de hacernos bajar la moral.

Es por dicho motivo que las historias incluidas en "Cinco relatos para ver la vida con optimismo" pretenden invitar a la reflexión al mismo tiempo de ser amenos y divertidos, remarcando que en el quehacer diario de cualquier persona existen miles de motivos para ser optimista.

Estos relatos han sido escritos en estilo costumbrista y están protagonizados por Rosa, una chica como tantas otras que vive en una zona rural. En todos ellos usted podrá observar como su protagonista se esfuerza en tirar adelante su micro-negocio, intenta reciclarse para mejorar su situación e incluso se enamora de nuevo cuando estaba convencida que nunca más lo haría, todo ello explicado bajo un prisma de humor y sinceridad como solamente ella es capaz de hacer.

El título de los relatos incluidos en este tomo son:

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- Las vacas son extraterrestres
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"Cinco relatos para ver la vida con optimismo" está publicado por Rosaspage.com y su lectura es apta para todas las edades. Consta de 210 páginas encuadernadas en tapa blanda (también llamada rústica) y con un formato aproximado de 15x21 centímetros (cuartilla o DIN A5).

Aunque la versión anunciada está escrita en castellano, de este recopilatorio también existe una versión en catalán titulada "Cinc relats per veure la vida amb optimisme".

Precio: 16 euros


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