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Excursión nocturna

Excursión nocturnaCon la sencilla idea metida entre ceja y ceja de "Hacer ejercicio siempre es bueno", nuestra amiga Rosa se apuntó a una caminata nocturna que anualmente organiza la asociación excursionista de su pueblo.

A pesar que hubiera preferido que se apuntase más gente conocida suya, pues así tendrían una nueva batallita conjunta que contarse en el futuro, solo pudo convencer a su propia pareja para que la acompañase en la excursión y, todo hay que decirlo, bajo graves amenazas de enfado constante durante dos semanas enteras en caso de que el chico decidiera esquivar la invitación.

Así pues, con un equipamiento solo comparable al que utilizan los alpinistas para escalar el Everest, nuestra pareja protagonista entra en la Plaza Mayor de la localidad justo cuando anochece. Aquel es el lugar indicado por la organización como punto de partida de la caminata popular.

Verdaderamente hace una noche espléndida, tal y como corresponde en la época del año en que están, pues a inicios del mes de agosto normalmente hay una estabilidad atmosférica bastante acusada. Aunque hace un poco de calor, la ausencia de Sol muy probablemente provocará que la caminata sea bastante más soportable que si se hubiese realizado durante el día. En ese momento, en la plaza hay mucha animación, pues como consecuencia de los buenos días que hasta entonces ha habido se ha apuntado muchas personas al acontecimiento lúdico.

- ¡Mira mira! - dice con inocencia nuestra protagonista - Incluso se ha apuntado la abuela del alcalde, aquella que no hace ni dos años la operaron del fémur. ¿Crees que aguantará hasta el final?

- ¿Qué si aguantará la excursión? Me parece que incluso nos dejará atrás. ¡Tienes que pensar que las abuelas de ahora ya no son como las de antes! - responde Dídac conocedor sobre el hecho de que hay personas mayores con una vitalidad extraordinaria.

De pronto el grupo empieza a moverse. La caminata popular ha empezado y como si se tratase de la salida de Egipto de Moisés con el pueblo Santo, rápidamente va formándose una caravana de personas de todas las edades, desde chiquillos pequeños que apenas han aprendido a andar hasta la abuela del alcalde de casi ochenta años, que a pesar de caminar ayudada por un bastón, parece tener el paso bastante ligero.

Tanto por delante como cerrando el grupo de caminantes van vehículos de bomberos con las luces de emergencia conectados que además de asegurar la asistencia médica, avisa a posibles vehículos que pueden encontrarse que hay que ir con prudencia.

- ¿Y si nos perdemos? - afirma inesperadamente Dídac.

- Pero chico... ¿Cómo quieres que nos perdamos? Si vamos siguiendo el grupo...

- Oh - responde él - Es precisamente esto lo que me da miedo, pues todos nos vamos siguiendo los unos de los otros y vete tú a saber si el de delante de todo se conoce el camino a la perfección. Quien te dice que no se pierde y nosotros lo vayamos siguiendo como borregos. ¿Has jugado alguna vez con el juego de ordenador "Lemings"? Pues lo que ahora hacemos nosotros es algo parecido. Y no te cuento como acaban los bichos esos si el que hace de guía se equivoca o comete alguna torpeza...

Rosa simula que no lo oye, prefiriendo girar la cabeza hacia el otro lado donde de forma muy sutil pueden observarse la silueta de las colinas y montañas que rodean el camino. Es realmente una gran suerte observar las estrellas tan brillantes en una noche tan oscura como aquella. ¿Quién no dice que en un momento dado verá una estrella fugaz y podrá pedir algún deseo? Si los deseos de años anteriores se cumplieron provocando que ella conociese a Dídac, ¿Por qué no formular otros nuevos?

Pero ese momento romántico se ve roto de golpe por una voz que los llama. Se paran a la vez que se giran y cuando Rosa ve de quien se trata, dice con voz baja a Dídac:

-Teníamos que haber acelerado el paso, pues ahora resulta que Jan Xiroi nos ha atrapado y no te quepa duda que nos ofrecerá un recital de chistes malos como para parar un tren - continua diciendo al chico mientras una figura bastante voluminosa sale de la oscuridad para acercarse donde ellos están.

- Chicos... ¿Ya sabéis que hacer si una jirafa, una barca, una cebra y un camión de bomberos os persiguen?

- Sí -dice Rosa con un tono cansado a la vez que dirige su mirada hacia el cielo - ¡Bajar del carrusel!

- Cojines, veo que este te lo sabias... Siempre he dicho que eres una chica muy avispada...

Jan Xiroi es un hombre de mediana edad que desde muy joven trabajó en la misma fábrica, hasta que una enfermedad lo obligó a coger la baja definitiva. Actualmente, con la escasa pensión que recibe del estado, va viviendo a duras penas aunque eso sí, lo que nunca ha perdido es su sonrisa y buen humor que lo caracterizan, convirtiéndolo en uno de los personajes más curiosos del pueblo donde vive nuestra protagonista.

- ¡Ostras! - dijo Dídac - Pues dos mosquitos montaban en una motocicleta y el del medio dijo: "¡Para! ¡Se me ha metido una mosca en el ojo!"

- Veo que tienes un finísimo sentido del humor - respondió Jan en medio de sinceras risotadas.

Entre dientes y para sus adentros, Rosa comentó: No veas... Me parto la caja cada vez que Dídac me explica chistes tan malos como este... Y ahora que se han encontrado estos elementos de cuidado... ¡Menudo festival nos ofrecerán!

Efectivamente, tal y como nuestra amiga había vaticinado, los dos iniciaron una batalla de chistes cortos y malos que realmente daba miedo de escuchar, quedando la chica completamente desplazada de la conversación y resignada a escuchar durante un buen rato aquellos mismos chistes con los que de vez en cuando Dídac la obsequiaba y que ella se conocía de memoria. ¡Caminar en aquellas condiciones era una actividad muy dura!

Pero al cabo de una media hora, inesperadamente el grupo de caminantes se paró.

- Cojines, parece que pasa alguna cosa por ahí - afirmó con sorpresa Jan.

- Evidentemente, justo ahora se han dado cuenta que nos hemos perdido.

- ¡Venga Dídac, no seas así! Ya sabes que cuando dices alguna broma de este estilo acostumbra a suceder lo que has predicho... Acerquémonos a ver si nos enteramos de lo que ha sucedido - responde Rosa con viva curiosidad.

Efectivamente alguna cosa había ocurrido, pues tanto los bomberos que acompañaban al grupo como algunos de los caminantes, formaron un grupo que parecía discutir alguna cosa realizando ademanes organizándose para algo. Cuando nuestros amigos se acercaron pudieron enterarse que un niño del grupo de aproximadamente diez años se había perdido y nadie sabia decir dónde se encontraba y ni tan solo en que momento exacto había desaparecido.

Rápidamente se organizó una operación de búsqueda para encontrar al pequeño y Rosa junto a Dídac se sumaron a la operación. Es entonces cuando nuestra amiga tiene la intuición de que el niño puede haberse parado por cualquier motivo y posteriormente algo lo debió despistar hasta que finalmente no ha sabido o no ha podido regresar al grupo.

Así pues, con la linterna que un buen día "afanó" a unos policías que se dejaron las puertas de coche patrulla abiertas (y que hasta entonces había mantenido oculta en su mochila por miedo a que alguien la reconociese), nuestra heroína y su acompañante se dirigieron hacia uno de los pequeños caminos que accedían al camino principal. Es entonces cuando los dos pudieron oír una voz que provenía de la oscuridad.

Sin lugar a dudas se trataría del chico perdido, pero ahora era preciso saber dónde se encontraba ya que la voz quedaba bastante tenue. Después de buscar y rebuscar un rato, nuestros amigos se quedaron quietos para concentrarse sobre de que dirección salía la voz y descubrieron que esta surgía del fondo de un pequeño barranco. Rosa enfocó la linterna hacia el borde del camino y pronto pudo distinguir en el fondo de un pequeño precipicio como una figura infantil los saludaba con la mano. Aparentemente parecía que el chico se encontraba bastante bien a pesar de algún posible rasguño producido por la caída o algún que otro golpe.

Entonces Rosa hizo una imprudencia, pues empezó a bajar por la ladera sin cuerda o punto donde poderse sujetar con seguridad, confiando solo con su propio equilibrio. Poco a poco fue bajando mientras Dídac estaba observando desde lo alto no sin cierto temor. En un momento determinado, la chica pone su pie encima de una piedra que no estaba sujeta a la tierra y resbaló dando tumbos a la vez que caía.

Finalmente su caída se frenó justo al lado en donde se hallaba el chico, quedándose sentada a su lado. Después de una blasfemia y una queja dijo: Bueno... Como mínimo ya te hemos encontrado... Como est...

No pudo acabar la frase, pues alguna cosa pesada le cayó encima. Era Dídac, que al ver como su chica caía sin control se lanzó dispuesto a ayudarla. Evidentemente esta tampoco fue buena idea por parte del chico, pues él también perdió el equilibrio y bajó de la misma forma que Rosa, aterrizando precisamente encima de él.

- Bueno - dijo Rosa con tono irónico - Ahora que ya estamos todos, ¿porque no aprovechamos para cantar una canción típica de los Boy-Scout?

Parecía que Dídac también se había lastimado la pierna y mientras se la sujetaba, miraba de forma asesina a la chica.

-¿Por qué has bajado, Dídac? ¿No has visto que era peligroso?

-Mecachis... ¿Y porqué has bajado tu? Al ver que caías ha sido un acto reflejo involuntario...

-Pues mira tú dónde nos llevan tus "actos reflejos involuntarios"... ¡Al fondo del abismo!

-Oh sí, ahora tendré yo la culpa de todo lo que sucede... Si no fueses tan impulsiva y pensases más las cosas antes de hacerlas...

-¡Exacto! ¡En esto te doy la razón! - agregó la chica - El día que te conocí también fue un impulso que me tenia guardar...

Con una mirada totalmente atónita ante la situación, el niño observaba la pareja mientras discutían. Una sentada y el otro encima de él, los dos debatían sobre cosas que solo ellos conocían y la complejidad de la discusión era cada vez más mayor, hasta que con un inocente "¡Hola! ¡Estoy aquí!" el chico paró la escalada de acusaciones que ambos se estaban realizando.

Evidentemente había cosas más urgentes que discutir y pronto nuestros amigos se reincorporaron a la situación. Una situación bastante complicada, todo hay que decirlo, pues primero que el chico se veía incapaz de salir del fondo de aquel barranco, segundo que Rosa tenía el tobillo absolutamente hinchado y tercero que Dídac parecía haberse roto la pierna, pues cada vez que la intentaba mover le aparecía un dolor muy vivo. Era una situación bastante curiosa, pues los tres se encontraban atrapados en el mismo lugar.

- ¿Y como es que te has caído, chico? - dice Dídac interesándose por el motivo que originó esta cadena de acontecimientos.

Según les explicó el chico, en un momento determinado de la caminata sintió la necesidad de orinar y se alejó un poco del grupo a pesar que continuaba observando la gente que avanzaba. No obstante, un animal pasó justamente por su lado y esto le encendió su curiosidad, pues parecía como un conejo o algo parecido. Persiguiendo el animalillo el chico se adentró entre la vegetación y sin saber como, perdió el equilibrio cayendo por el barranco que a pesar de no tener mucha altura si que tenia una inclinación suficiente que impedía que alguien un poco herido subiese por él. Además, la falta de árboles donde sujetarse todavía empeoraba más la situación.

Ahora que ya todos conocían los motivos que provocaron aquella situación, hacía falta encontrar la forma de salir de allí o bien que alguien se diese cuenta de dónde se encontraban.

Entre Rosa y Dídac empezaron a idear algunos planes para salir de ese atolladero, como por ejemplo ir subiendo poco a poco con la ayuda del otro y así, con tal de que uno de ellos pudiera salir y avisar a los otros el objetivo estaría cumplido. Otra solución que se plantearon fue gritar con todas sus fuerzas para que alguna de las personas del escuadrón de búsqueda los encontrase.

Finalmente, el chico cansado de oír aquella tormenta de ideas dentro de la cual la pareja parecía gozar enormemente, con voz parsimoniosa dijo: ¿Y si utilizamos el teléfono para llamar a los bomberos?

Mirándose entre ellos, Rosa y Dídac tuvieron de reconocer que aquella era la idea más lógica y realista de cuantas habían tenido, pues con la idea de plantearse una idea complicada se olvidaron que tanto uno como otro llevaban su teléfono móvil en el bolsillo. El único que no lo llevaba era el pequeño, pues según él, sus padres no se lo querían comprar ante el temor de las elevadas facturas de la compañía telefónica.

Finalmente la aventura terminó bien, pues pocos minutos después de llamar, uno de los bomberos que acompañaba al grupo bajó ayudado por una cuerda y después de reconocer el estado de los tres, los ayudó a subir hasta la ambulancia donde fueron atendidos. Por suerte ninguno de ellos sufrió daños de consideración e incluso Dídac, el cual inicialmente se pensaba que tenía la pierna fracturada, resulta que solo era un golpe. Ciertamente este chico es bastante aprensivo...

-Dídac... ¿De verdad ha sido un impulso ayudarme cuando me caía?

-¡Evidentemente de sí, chica! Me ha dado una fuerte impresión ver como perdías el control y la única reacción ha sido ayudarte, aun descuidando mi propia seguridad.

-¿Sabes una cosa? Aunque a veces parezca que nos encante discutir por tonterías, el hecho es que... ¡Te quiero!







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Cinco relatos para ver la vida con optimismo. Recopilatorio relatos de Rosa

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En un periodo de crisis económica como el actual, probablemente el hecho de escribir un libro en clave positiva podría casi calificarse de toda una heroicidad o como mínimo de nadar a contracorriente.

Pero sinceramente… ¿Para qué añadir más argumentos (y encima repetitivos) a la depresión colectiva que actualmente tenemos personas como usted o como yo? Para ello ya disponemos de noticiarios y tertulias televisivas que se encargan constantemente de hacernos bajar la moral.

Es por dicho motivo que las historias incluidas en "Cinco relatos para ver la vida con optimismo" pretenden invitar a la reflexión al mismo tiempo de ser amenos y divertidos, remarcando que en el quehacer diario de cualquier persona existen miles de motivos para ser optimista.

Estos relatos han sido escritos en estilo costumbrista y están protagonizados por Rosa, una chica como tantas otras que vive en una zona rural. En todos ellos usted podrá observar como su protagonista se esfuerza en tirar adelante su micro-negocio, intenta reciclarse para mejorar su situación e incluso se enamora de nuevo cuando estaba convencida que nunca más lo haría, todo ello explicado bajo un prisma de humor y sinceridad como solamente ella es capaz de hacer.

El título de los relatos incluidos en este tomo son:

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