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Relato de Rosa: Caminos cruzados

Estos días tenemos a nuestra amiga Rosa bastante reflexiva, pues no hace demasiadas noches atrás tuvo un sueño que no puede sacarse de la cabeza y que la mantiene intrigada, pues desconoce su significado.

Resulta curioso -piensa Rosa- como algunos sueños extraños pueden hacerte pensar todo un día entero. Este sueño es casi tan raro como el de aquel día en que viajé a otro planeta dónde mientras unos habitantes disponían de una tecnología muy avanzada, otros casi ni tan solo podían comer, encontrándose en un estado de extrema pobreza. En despertarme, como si de un eslogan se tratase, me quedé con la frase "En otros planetas también existe el tercer mundo". De hecho, creo que lo soñé porque esa noche vi la película "E.T. el extraterrestre" y después, justo antes de dormir, puse las noticias.

Rosa se encuentra en un cobertizo de su casa donde tiene un pequeño taller, el cual utiliza para poner a punto algún vehículo con el que compite en carreras de coches. Estos días está preparando uno para correr una pequeña carrera de resistencia y está muy ilusionada por los resultados que obtiene con la puesta a punto.

No obstante, esto no es entretenimiento suficiente para que nuestra amiga deje sus reflexiones respecto al extraño sueño en el que ella se encontraba conversando tranquilamente con una persona ya difunta, la cual esta le decía que la principal separación entre el mundo de los vivos y de los muertos es precisamente la falta de comunicación. De comunicarse normalmente entre ellos, resultaría ser un punto de inflexión en la historia de la humanidad, provocando un importante avance espiritual comparable al descubrimiento del fuego por parte del hombre primitivo.

Estaba inmersa en sus pensamientos cuando de forma inesperada alguna cosa distrae la atención de Rosa, pues en el patio oye un rumor y gracias a que tiene la puerta abierta puede observar en el suelo la sombra de una persona. Muy seguramente es su propio abuelo que ha pasado por delate del cobertizo para dirigirse al huerto situado en la parte posterior de la casa, por tanto Rosa no presta casi atención.

Al cabo de un rato, otro ruido parecido vuelve a oírse y de reojo Rosa ve que alguna persona pasa por delante de la puerta, aunque cuando nuestra protagonista se fija esta ya ha desaparecido. Nuestra amiga juraría que por la forma de caminar no era su abuelo, así pues es probable que sea alguien del vecindario que ha ido a casa, aunque al no ser camino de paso, resulta raro que alguien pase por ahí. Rosa saca la cabeza por la puerta con la esperanza de ver quien es pero no consigue ver a nadie. De hecho, la figura caminaba de forma decidida y muy seguramente ya se encuentre lejos del cobertizo.

Al día siguiente Rosa continua enfrascada con su tarea en el coche. Esa mañana el abuelo no está en casa, pues se ha ido a comprar en el mercado del pueblo con un amigo suyo y no regresarán hasta las dos de la tarde. De nuevo oye ruido de pasos en el exterior y decide salir rápidamente. Posiblemente se trata de alguien que aprovecha el pequeño camino para tomar un atajo, pues no sería la primera vez que sucede. Esto molesta bastante a Rosa, pues es una propiedad privada y no le gusta tener gente caminando por el patio de su casa, que como reza la canción infantil, es particular y se moja como los demás. Y tampoco sería la primera vez que alguien ha robado algún tomate del huerto o alguna manzana de los frutales de alrededor.

- ¡Buenos días! Saluda Rosa de forma educada a la persona autora de los pasos.

- ¡Buenos días! Responde la otra de forma cortés.

En un breve instante Rosa observa la persona que tiene frente suyo. Es una mujer de casi unos cincuenta años, bastante alta y con el cabello más bien corto y con una apariencia agradable. Nuestra protagonista no recuerda haberla visto por el vecindario, pero esto tiene poca importancia, pues hay bastantes personas del pueblo que Rosa no conoce a pesar que hacer bastantes años que vive allí.

- Estaba buscando a mi hija y a la pequeña pero no las encuentro. - dice la desconocida - ¿No las habrás visto pasar?

- Pues no creo, ya que por aquí no pasa nunca nadie. Es una propiedad privada y no entran personas que no nos sean conocidas. Y por el camino de delante la casa tampoco he visto pasar a nadie con ninguna criatura.

Ante esta taxativa afirmación, la mujer mira a su entorno y con una sincera sonrisa se despide.

- Gracias de todas formas... Supongo que ya las encontraré y perdona si te he molestado.

- No es ninguna molestia. Espero que las encuentre pronto.

Al cabo de mucho rato, un coche para delante de la casa. Es el abuelo que regresa y despidiéndose de su amigo, se dispone a entrar en su casa, no sin antes dar una vuela por el patio posterior para ver que hace Rosa. El hombre observa como la chica trabaja intensamente con el coche y parece que está muy concentrada, pues esta solo responde con monosílabos. Cuando el abuelo esta a punto de salir del cobertizo, Rosa con voz seria le pregunta:

- Esto... ¿La abuela tenía algún hermano o hermana?

Extrañado por la inesperada pregunta, el hombre responde negativamente a la cuestión agregando: Tuvo un hermano, pero murió antes de empezar la guerra. Que yo sepa era hija única y su madre, al casarse en segundas nupcias, no tuvo otro hijo o hija. ¿A que viene esta pregunta?

- ¿Y primos y primas? ¿Tenía primos y primas?

Si tanto me apuras, puede que sí, aunque francamente no me habló nunca de ellos. Ya sabes que su familia quedó muy desestructurada a causa de la Guerra Civil y vete tú a saber, a lo mejor tenía un tío rico en América y ahora resulta que eres la heredera de una plantación de café en la selva ecuatoriana. ¡O incluso puede que tengas un rebaño de vacas en la Pampa Argentina! - agrega divertido aunque un poco sorprendido por las preguntas que le formula la chica.

- ¿Y en el pueblo podría ser que viviese algún pariente suyo? - vuelve a insistir Rosa.

- Eso sí que es del todo imposible, pues lo sabría yo. Además, recuerda que vino con su madre en los años cuarenta y si existen parientes, estos deben vivir en la Seu d´Urgell, población de la que ella hija. ¿Pero porqué me lo preguntas? - insiste de nuevo el abuelo.

- Oh no... Nada en concreto... Solo que esta mañana estaba pensando si la abuela podía tener parientes por aquí. De hecho solo es curiosidad y nada más - Dice Rosa mientras vuelve a su trabajo.





* * * * * * * * * *




- ¡Te lo digo seriamente Dídac! Me dio una sensación extraña cuando la vi y mi sexto sentido no acostumbra a fallar. -afirma decididamente Rosa a su pareja, que ha escuchado una y mil veces esa historia durante el transcurso de ese sábado.

- Escucha Rosa, no hay nada de raro en que una señora busque a su hija y a su nieta. A lo mejor le tenía que decir alguna cosa urgente y simplemente tomando un atajo pasó por el cobertizo de tu casa... En fin... venga, dame un beso que me marcho, pues ya es tarde.

Eran casi la una de la noche y la pareja se despedía, a pesar de que al día siguiente, es decir, pocas horas más tarde se volverían a ver. Repentinamente Rosa coge nerviosamente la mano del chico, pues por delante de la casa pasa caminando aquella misteriosa mujer y sin ni tan solo parar, desaparece por un recodo del camino.

- ¿La has visto? ¿Tu también la has visto, verdad? Era esa mujer e incluso vestía igual. Dime que también la has visto y no es un producto de mi imaginación...

- Que sí Rosa -responde un poco molesto Dídac. Era una señora normal y corriente que ha pasado caminando tranquilamente, como tantas otras. Es un poco tarde, pero no es nada raro que haya personas dando una vuelta por la calle, pues por la noche todavía no hace frío y la temperatura es agradable. Vete a saber tú de dónde venía. A lo mejor ya ha encontrado a su hija. ¡Haces una montaña de todo lo que te pasa!

- ¿Me estas diciendo que yo me monto historias? -dice Rosa claramente molesta.





* * * * * * * * * *




Al día siguiente Rosa llama al timbre de la casa del señor Pascual, amigo del abuelo y sacerdote jubilado. Su intención es hablarle de ciertos temas relacionados con esa mujer, pues estaba atando cabos y el asunto cada vez se presentaba más misterioso. Mirado de forma fría lo más lógico era lo que le decía Dídac, pues aquello no parecía nada más que una serie de coincidencias, pero nuestra amiga cada vez se sentía más intrigada. Abriendo la puerta y viendo a Rosa, el hombre la recibe diciéndole: ¿Qué tal? ¿A que se debe esta inesperada visita? Pasa pasa...

- Bien, estoy bien. He venido por un tema que... Uf... es largo de explicar y nada simple pero...

Haciéndola pasar al interior de la casa, el sacerdote siente curiosidad por saber que quiere explicarle la chica y sentándose ambos ante la mesa del pequeño comedor, él abre la conversación de forma muy directa:

- Deja que lo adivine... Tú y Dídac por fin habéis decidido contraer matrimonio. ¿No es así?

- Nonononoooo -responde la chica con sorpresa- De hecho, antes de casarnos nos hacen falta muchas cosas y decidir muchos asuntos... No no... Este no es el motivo por el cual he venido y sinceramente no tiene nada que ver.

- ¿Así pues que ocurre? -insiste Pasqual.

Entonces la chica empieza a relatar su extraña historia: A lo mejor le parecerá una tontería pero me parece que estos días he visto e incluso hablado con mi propia abuela, es decir, la madre de mi madre.

- ¡Mi madre! ¡Esta chica está como un cencerro! -reflexiona Pasqual al oír esa curiosa afirmación, a la vez que se la mira con una cara extrañada. - Veamos Rosa... Tu abuela murió poco antes de nacer tu. Esto ya lo sabes...

- ¡Evidentemente que lo sé! -Interrumpe nerviosamente la chica- Murió con cuarenta y pocos años, precisamente la edad que aproximadamente debe tener la mujer con la que he hablado. Tenemos pocas fotografías de ella, pero he podido comprobar que en el aspecto físico es idéntica. Es como si hubiera aparecido de la nada, como un recuerdo materializado. No sé que quiere pero diría que es ella. ¡De verdad que no le engaño ni voy trompa!

El sacerdote se reclina en su silla mirando a Rosa. Decididamente no va borracha, pues esto ya lo habría notado tan solo entrando y tampoco parece que delire, pues su forma de actuar es completamente normal en ella. Rosa podríamos decir que es muy movida e incluso un poco loca, pero respecto a estos asuntos siempre ha guardado un gran respeto. Tampoco es exageradamente supersticiosa y no parece influida por estos programas de televisión y series de espíritus, ovnis y demás cosas raras que tan de moda se están poniendo últimamente. Sería más lógico que hubiese entrado relatando una aventura con la famosa chica de la curva o que ha visto extraterrestres enanos robando galletas de su cocina que no explicando que ha visto a su propia abuela. Por tanto, el hombre se empieza a interesar por el relato que le cuenta la chica.

Mientras Rosa hablaba, él se limpiaba las gafas con actitud pensativa, reflexionando que en el pre-pirineo catalán, lugar dónde ellos viven, es una tierra mágica sembrada de historias misteriosas, siendo difícil encontrar un pueblo sin su relato misterioso particular. En muchas ocasiones, estas historias no son más que supersticiones o vivencias de personas sugestionadas por algún hecho que no consiguen entender. El boca-oreja y por encima de todo el paso de los años, exageran el relato hasta que adquiere categoría de leyenda o incluso de caso verídico.

Es necesario siempre conocer con detenimiento cada caso y sobretodo descubrir que parte corresponde a la realidad y cual a la leyenda. Muy seguramente, un estudio riguroso de cada caso daría una explicación racional al fenómeno, aunque también hay relatos que se escapan a cualquier entendimiento humano y, como creyente que él es, muy seguramente pueden tratarse de señales milagrosas de Dios, pues este tiene una forma curiosa de comunicar a los humanos sus intenciones.

En la parte final del relato, Pascual ya confiaba bastante en la veracidad de las palabras de Rosa y esperaba sinceramente que esta no se hubiera confundido en aspectos clave del relato. La conocía desde muy pequeña y sabía que era una chica inteligente que no se dejaba sugestionar por según que tipo de historias. Pocas chicas del pueblo tienen el sentido crítico que ella y por tanto, el relato cada vez se aparecía como más creíble.

- Hace falta saber porque está aquí, o más bien dicho, porqué todavía continua aquí -dice rotundamente del hombre.

- ¿Necesita alguna cosa para que pueda descansar definitivamente en paz? ¿Acaso se dejó alguna tarea importante por hacer? -agrega Rosa con una chispa de ilusión en los ojos- Podría estar relacionado con la hija y la criatura que busca, pero han pasado más de treinta años de su muerte. ¿Por qué aparece precisamente ahora y no antes?

- Olvídate de la concepción tradicional del tiempo que tenemos los humanos. De hecho, algunos científicos debaten constantemente sobre su relatividad, afirmando incluso que el tiempo como tal no existe. Para un difunto, posiblemente un minuto suyo pueden ser treinta años de los nuestros y al revés. Incluso podría ser que, una vez traspasado y sin la pesada carda del cuerpo, su espíritu se sintiese libre, se levantase de la cama donde murió su cuerpo y simplemente fuese a dar una vuelta por el entorno de la casa, considerando que ya se encuentra mejor y desconociendo su propia muerte.

Todo eso resultaba extraño a los oídos de Rosa y verdaderamente la cara de asombro que tenía en aquellos momentos así lo demostraba. Lo intentaba comprender pero casi le sonaba como una película o cuento para niños. Pero claro, estaba ahí precisamente como consecuencia de un suceso extraño y Pascual podría tener razón. De momento estaba formulando una teoría con la cual empezar a trabajar y siguió con atención las explicaciones del anciano. Además, se supone que los sacerdotes conocen bien estos temas...

- Pero lo que me extraña es que su espíritu continúe aquí y no fuese "reclamado" por el de arriba. A lo mejor su espíritu no puede descansar tranquilamente o bien le falta realizar alguna tarea en este mundo de locos. ¡Menudo follón!

Afirmando positivamente con la cabeza, Pascual afirma - Tu abuela supo que tu madre estaba embarazada y más de una vez, viendo cercana su muerte, me había comentado que le hubiera encantado verte. Desgraciadamente no pudo ser así y esto coincide en que la persona que has visto busca a su hija y a una criatura, sin especificar si es mayor, menor o acabada de nacer.

- Bueno, esto simplifica las cosas. Hacemos que vea una chica con un bebé y aquí se acaba todo - respondió animadamente Rosa, como si ya hubiese encontrado una posible solución al problema.

- No es tan fácil, pues no puede engañarse a un espíritu con una estrategia tan simple... El problema que veo es que esa criatura, es decir tu, ha crecido y no la reconocería a simple vista. Muy seguramente está confundida por todo lo que ve.

- La convencemos de que ese bebé soy yo y asunto finalizado.

- Pero Rosa, ponte en su lugar... ¿Te creerías esto si te lo dijesen o bien te sucediese alguna cosa parecida?

Bajando la mirada, Rosa responde que evidentemente no se lo creería, además que le costaría aceptar todo lo que le estaría pasando.

- Pues eso es tal y como ella se encuentra. Además, hay que considerar que para los dos mundos el tiempo es diferente y que no apareciese de nuevo hasta dentro de días, meses o incluso años.

- ¿Qué me aconseja hacer? -dice Rosa nerviosa por no saber exactamente como actuar.

- Esperar hasta que vuestros caminos que se encuentran a diferentes niveles se vuelvan a cruzar y entonces... Se tu misma. Piensa que es tu abuela y que te quiere. Cuando la vuelvas a encontrar piensa que tendrás mucha suerte de poder contactar con una persona del más allá, o como mínimo del borde entre ambos mundos.

Saliendo de la casa del sacerdote, Rosa se sentía animada a la vez que afortunada. Aquel sueño tan extraño de la comunicación entre dos mundos podía convertirse en una realidad y, aunque fuera por un solo momento, ella había podido hablar con su propia abuela. Sin duda, solo el tiempo y aquella relatividad que Salvador Dalí representó con sus famosos relojes blandos sabrían cuando se produciría el próximo contacto.







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