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La chica que se disfraza de animal de peluche

john_candy_spaceballsSi en uno de los artículos de esta misma sección se habla del Dave Cat, el estadounidense que vivía con una muñeca hiperrealista de tamaño natural, el presente escrito se dedica a otro comportamiento ciertamente extraño.

En este caso se trata de una chica también estadounidense que para salir de su hogar habitualmente se disfraza de muñeco de peluche, en concreto de zorrita (y con perdón por si la palabra puede resultar malsonante, aunque el hecho es que se disfraza de este animal) blanca y rosa con una llamativa cola. Este atuendo evidentemente no pasa inadvertido en ningún lugar y la chica se convierte rápidamente en el centro de las miradas de curiosos, que medio en serio medio en broma se preguntan el porqué de aquella actitud.

A su favor hay que comentar que el disfraz se lo realizó ella misma, siendo la actual una segunda versión del mismo personaje. Tal y como demostró en el reportaje que hicieron de ella se trata de una hábil creadora de disfraces, pues además de una apariencia entrañable también insertó diversos "gadgets" en el disfraz que le permitían accionar la boca. Si yo misma tuviera una empresa dedicada a realizar vestidos y disfraces rápidamente me interesaría por contratar sus servicios, pues su estilo es francamente atractivo y simpático.

No obstante una cosa es confeccionar un disfraz para lucirlo en determinadas ocasiones y otra muy diferente ir con él a todas partes como si carnaval durase todo el año entero.

Evidentemente que todo el mundo es libre de hacer lo que quiera siempre y cuando no moleste a los demás, y particularmente que exista una chica cuya afición sea la de ir disfrazada de animal por el mundo no me afecta nada. No obstante, los expertos que han estudiado este caso en concreto consideran su actitud como una severa parafília causada por algún tipo de trastorno psicológico, lo cual ciertamente ya no es cosa de risa.

Según comentó ella misma en entrevistas que le realizaron para la televisión, de pequeña tenía un carácter completamente extrovertido que empezó a cerrarse tras la separación de sus padres, convirtiéndola en una chica absolutamente introspectiva. Lentamente su afición a los disfraces derivó en una auténtica obsesión cuando solamente era capaz de salir de su casa disfrazada, pues el traje le sirve como máscara o coraza tras la cual se siente más segura a la hora de demostrar su auténtico carácter ante extraños.

Personalmente conozco actores de teatro amateur que les sucede algo parecido aunque afortunadamente en un grado muy rebajado en comparación a ella. Encima del escenario interpretan magistralmente a un personaje, siendo en aquel momento una persona completamente distinta a la real. En la vida cotidiana su timidez es bastante acusada aunque por suerte distinguen perfectamente cuando se encuentran encima del escenario o en la vida normal. ¡Ojo! Con ello tampoco quiero decir que todos los actores y actrices sean tímidos empedernidos que se sueltan la melena en su trabajo. No es mi intención que se me enfaden los del gremio. Solamente indicar que personalmente conozco un par de casos así. Haya paz…

Pero aunque parezca difícil de creer, el comportamiento de esta chica no es ni muchísimo menos inédito, sino que miles de personas comparten su misma afición en distinto grado, algunas de las cuales solo son capaces de realizar el acto sexual disfrazándose por ejemplo de conejito/a, tigre/sa o ardilla.

En caso mucho más graves que el mencionado los afectados por esta parafilia (no se de que otro modo describirlo) consideran que en una vida pasada fueron animales y que en la actual no se encuentran en el cuerpo que les corresponde. Por su parte, mientras el disfraz está guardado en el armario algunas de estas personas toman aptitudes comúnmente atribuidas a los animales que representan, siendo sigilosos como zorros, tiernos como vacas (¿y quien ha dicho que las vacas son tiernas y cariñosas?) o ágiles como conejos.

A su vez también existen reuniones habituales tanto en los Estados Unidos como en Europa de "furrys" (que así se autodenominan los aficionados/as a vestirse de animales de peluche) logrando concentrarse ncluso la nada despreciable cifra de ocho mil personas, una cifra que anualmente crece para alegría de los fabricantes de disfraces.

De nuevo recordar que según la opinión de esta modesta servidora, el hecho de disfrazarse no tiene nada de malo como tampoco el vestirse de animalito o personaje de anime presentándose con ese atuendo en concentraciones de otakus o salones de manga. Personalmente lo encuentro divertido, necesitándose un gran nivel de sentido de humor que también es prueba de una notable inteligencia.

El problema radica cuando esta afición domina la propia vida, condicionando que si no se va disfrazado/a no se pueda salir a la calle y relacionarse normalmente con las demás personas. Llegándose a este extremo es necesaria la intervención de un experto que profundice sobre el origen de la desviación de conducta, muy posiblemente originado por un problema mucho más profundo.

Por último comentar que debido a que no he encontrado ninguna fotografía de la chica en cuestión disfrazada de peluche, me ha parecido oportuno incluir una fotografía del gran (en el sentido figurado y literal) John Candy interpretando el personaje Vomito Barf en la película "Space Balls" (1987), una de las parodias más extraordinarias e hilarantes de "Star Wars". Que yo sepa el actor no tenía la afición de disfrazarse de peluche en sus ratos libres, pero inconscientemente al conocer esta afición mi mente se ha ido disparada hacia esta locura de película.







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Leyendas Urbanas en España. Antonio Ortí y Josep Sampere (Colección Booket – Martínez Roca)

Leyendas Urbanas en España
Antonio Ortí y Josep Sampere (Colección Booket – Martínez Roca)


A la venta un ejemplar del libro “Leyendas urbanas en España” escrito conjuntamente por los periodistas Antonio Ortí y Josep Sampere.

En este trabajo se repasan de forma jocosa múltiples leyendas urbanas y sus correspondientes orígenes (algunos de ellos ya con centenares de años a sus espaldas), revelándose así que la imaginación colectiva es capaz de crear unos mitos que independientemente de su extravagancia son ampliamente creídos por las personas.

Historias como los robos de riñones sin que su propietario se entere, el water que explota o del que surgen cocodrilos, aviones que roban la lluvia, los poderosos poderes ocultos de la Coca-Cola, la chica de la curva o las temidas calcomanías con LSD son una pequeña muestra de los temas tratados en este tomo.

A su vez esta edición cuenta con el prólogo de Jan Harold Brunvand, profesor emérito de la universidad de Utah (Estados Unidos) y uno de los grandes estudiosos de las leyendas urbanas y folclore moderno.

Este libro fue publicado en septiembre del año 2001 por Ediciones Martínez Roca en su colección de bolsillo “Booket” (corresponde a una primera edición). Tiene una extensión de 320 páginas encuadernadas en tapa blanda y con un formato de bolsillo de once por dieciocho centímetros.

Su estado es de usado aunque en buenas condiciones y sin ninguna página rota, manchada o separada del lomo.

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