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VW New Beetle Funsport Bburago Kit escala 1:18
A la venta en nuestro mercadillo una curiosa reproducción Funsport Beetlemania del Volkswagen New Beetle, realizada por Bburago a escala 1:18., con unas llamativas decoraciones aludiendo a diferentes deportes. Esta referencia tenia el número 7022 del catálogo antiguo de la marca italiana.
Esta miniatura se encuentra en formato Kit, es decir, por montar dentro de su caja original, la cual está cerrada y con sus precintos originales. Su estado es absolutamente nuevo.
Precio: 22 Euros Comprar - Más información
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Central nuclear con ruedas Ford Nucleon: Turismo alimentado por energia nuclear de 1958
En los años cincuenta del siglo pasado, los habitantes de los Estados Unidos vivían una moda que magnificaba todo lo moderno, futurista y cualquier ideología que predicaba nuevas formas de crear una sociedad consumista. Fueron unos años dorados en que los ingenieros planteaban un futuro bastante fantasioso en que casi todos los problemas desaparecerían gracias a la técnica y en el que todo el mundo viviría en un estado de bienestar a pesar de los recursos limitados del planeta, sin importar demasiado aspectos como el medio ambiente, la ecología o el desarrollo sostenible.
El mundo del motor de la época tampoco se libró de esta fiebre por el futuro, es más, fue uno de los principales impulsores de la creencia de un futuro feliz y despreocupado. En esos años todas las marcas presentaban modelos de lo que habría de ser el coche del siglo XXI, con grandes tecnicismos que permitiría a los automóviles viajar a más de 300 Km/h y guiados electrónicamente mientras sus ocupantes podían jugar tranquilamente al dominó en su interior. Otro de los rasgos comunes que identificaban los prototipos de los años 50 fueron las carrocerías con grandes alerones e inspiradas en los aviones a reacción de entonces, además de equipar los más increíbles equipamientos electrónicos como por ejemplo radar e incluso giroscopios que permitían (teóricamente) escamotear las ruedas delanteras y guiar el coche mediante alerones traseros a partir de los 150 Km/h.
Y evidentemente, uno de los temas importantes a tratar con el cual se fijaron los técnicos, fue el desarrollo de motores que no utilizaran como combustible la gasolina. Algunos estudios finalmente se pudieron plasmar en la realidad, como por ejemplo el motor de turbina de gas de Chrysler, montados en cincuenta prototipos de pre-serie. Otros estudios sucumbieron ante la dura realidad y otros, afortunadamente, no pasaron de prototipo.
Uno de estos últimos casos fue el protagonista de este artículo, el Ford Nucleon presentado en la primavera de 1958. Se trataba de un vehículo de turismo impulsado ni más ni menos que por energía nuclear. Ahí queda eso que no es poco...
Bonito por fuera, peligroso por dentro
Tal y como se puede apreciar en la fotografía, el Ford Nucleon era estéticamente muy atractivo, muy en la línea de los prototipos que se realizaban en aquellos tiempos. Carrocerías inspiradas en la aeronáutica, muy aerodinámicas y sobretodo muy estilizadas para obtener un alto grado de penetración en el aire. La cabina, con un parabrisas de una sola pieza, algo muy novedoso por entonces, estaba muy avanzada con la intención de separar lo máximo posible los dos ocupantes que permitía el habitáculo del pequeño reactor nuclear que tenían a sus espaldas. A simple vista este prototipo puede parecer una camioneta con la parte posterior descubierta, pero su línea está condicionada al motor que incorpora y sobretodo a su turbina de grandes dimensiones.
Pero lo que hacía del Ford Nucleon un vehículo inédito no era su línea, sino su motor que consistente en una turbina que gracias a un isótopo nuclear daba energía suficiente para mover el vehículo. Cada uno de los isótopos concebidos para el vehículo garantizaba una autonomía mínima de 8.000 kilómetros. (5.000 millas) y una vez agotado el isótopo, se sustituía de forma muy sencilla por otro de nuevo. Esta sustitución se habría de realizar en estaciones de servicio (en caso de que hubiera prosperado el proyecto) y su manipulación era bastante fácil, es decir, que cualquier persona por poco calificada que estuviera, pudiera realizar esta operación.
¿Realidad en un futuro próximo?
Lo que no pensaron los técnicos de Ford (o si lo pensaron prefirieron hacer caso omiso ante la opinión pública) fue las consecuencias que podría acarrear una producción masiva de estos peligrosos automóviles. Por ejemplo, ¿Qué sucedería en caso de romperse el isótopo en un accidente? O bien ¿Qué hacer con los residuos al final de la vida activa tanto del isótopo como del coche en si? Además, otra reflexión todavía más maquiavélica, pero realista que las anteriores nos asalta a la mente: En una producción masiva de isótopos existirían muchas más probabilidades que algunos de ellos desaparecieran para ser destinados a actos criminales o terroristas, por lo que la seguridad ciudadana se vería comprometida en un alto grado.
Evidentemente, la idea de un vehículo de turismo impulsado por energía nuclear se nos presenta como arriesgada y peligrosa, pero no olvidemos que la energía nuclear es utilizada en otros medios de transporte. Cuando se ideó el Ford Nucleon, los Estados Unidos solo hacia tres años que puso en funcionamiento el primer submarino movido con energía nuclear y actualmente, una cantidad importante de submarinos y barcos (militares y civiles) usan esta energía que en estos casos se acepta sin demasiada oposición. Además, la energía nuclear también se ha usado en satélites, a pesar de que la fiabilidad de los cohetes que sirven para ponerlos en orbita ronda solo el 90%. Es decir, en un 10% de las probabilidades, puede existir algún tipo de problema que afecte a la seguridad de las personas.
Pero alerta, que todavía hay más... El coche movido por energía nuclear no solo se trata de una excentricidad de los técnicos de Ford en los años cincuenta, sino que hoy por hoy, ante la próxima falta de petróleo a medio y corto plazo, la energía atómica también se baraja como una posible alternativa de combustible en vehículos de turismo.
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