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Porsche 911 Turbo
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Se encuentra en: Inicio > Otros temas > Coches > El Mini Cooper en Montecarlo


El Mini Cooper en Montecarlo

Horas después de finalizar el Rallye de Montecarlo del año 1964, el irlandés Paddy Hopkirk que en esa edición pilotó un modesto Mini, recibió una llamada telefónica en su habitación de hotel aproximadamente a las cuatro de la madrugada. En ella unos periodistas le comunicaron que él había ganado el Rallye. Sin creérselo el piloto y rendido por el cansancio les colgó el teléfono, se arropó en la cama y continuó durmiendo como si nada hubiese pasado. A la mañana siguiente y ante su más absoluta incredulidad, unos compañeros de su equipo le confirmaron de nuevo los sorprendentes resultados. Nadie podía creérselo, ni sus contrincantes ni él mismo.

El Mini Cooper ganador del Montecarlo

El Mini Cooper ganador del Montecarlo

Imagen tomada después de la victoria de Hopkirk en el Rallye de Montecarlo en su edición del año 1964.

Esta fue la primera victoria importante en la vida de este piloto y además sirvió para consolidar una leyenda de apenas tres metros de longitud, un motor muy pequeño de aproximadamente un litro de cilindrada y con unas diminutas ruedas de escasas diez pulgadas. El Mini había vencido en la carrera más importante de la época en lo que a rallyes se refiere, imponiéndose por delante de marcas como Mercedes, Lancia, Volvo o Citroën, lo que le valió el apodo de "mata-gigantes".

Puede resultar casi un chiste tanto en esos lejanos años sesenta como en nuestros días que un coche como el Mini, tan simple y aparentemente modesto en lo que a cualidades deportivas se refiere resultase un temible adversario frente a vehículos tan potentes y sofisticados como los Mercedes o Citroën. No obstante, lo cierto es que el Mini demostró que además de fuerza y potencia, la agilidad, ligereza y maniobrabilidad eran factores muy a tener en cuenta en los vehículos deportivos del futuro.

La clave del éxito fue precisamente a la estructura del Mini y a su ligereza. Los ágiles coches británicos se impusieron frente a los pesados modelos americanos y europeos, demostrando que en los tramos más difíciles un Mini se encontraba a sus anchas, pudiendo superar las curvas cerradas a mayor velocidad gracias a su reducido ángulo de giro y rigidez estructural.

Relacionado con el hecho de negociar las curvas de los Mini, uno de sus pilotos, el finlandés Rauno Aaltonen describió con todo lujo de detalles su nueva táctica que se resume en ir siempre a tope y al acercarse a una curva frenar bruscamente con un pie mientras el otro pie seguía acelerando. De este modo conseguía que las ruedas delanteras no se bloqueasen pero sí las traseras, provocando el deslizamiento de la zaga y evitando el subviraje propio de la tracción delantera.

Aunque sus adversarios intentaron aprender este sistema de pilotaje, mientras ellos lo aprendían sobre la marcha Rauno arañaba unas preciosas centésimas de segundo, terminando en séptima posición en ese Montecarlo cuya victoria final fue para el mencionado Hopkirk y cuarto Mäkinen, todos pilotando un Mini.

En 1965 BMC inscribe de nuevo los Mini con una escudería realmente potente aunque las condiciones climatológicas pondrían muy difícil revalidar el triunfo de la edición anterior. Fue un Rallye excepcionalmente durísimo, pues de los 237 coches que tomaron la salida solo llegaron 35. No obstante, gracias a la robusta estructura del Mini y su agilidad, a pesar de contar con ruedas casi de juguete, pudieron doblegar los imponentes Porsche 904 de Böhringer-Wütherich y el 911 de la pareja Helbert-Falk.

La edición terminó con la victoria moral de tres Minis, aunque fueron desclasificados por una polémica decisión de los jueces a causa de (según ellos) irregularidades en los sistemas de iluminación de los vehículos británicos. También sufrieron penalizaciones por idénticas causas el Ford Cortina Lotus del dúo Clark-Soderstrom. A todo este embrollo de desclasificaciones salió beneficiado el coche francés Citroën Tiburón pilotado por Toivonen (padre de Henry Toivonen) y Mikkander.

Después de lo sucedido en esta edición, los Mini oficiales volvieron a aparecer en el Montecarlo de 1967 con muchas ganas de tomarse la revancha. En esta nueva edición jugaron un papel determinante (más incluso que en ocasiones anteriores) los neumáticos. A pesar de que los Mini tenían unos neumáticos de menor diámetro que sus contrincantes y al termino de las etapas llegaban con las ruedas totalmente destrozadas, su menor diámetro y peso permitía al equipo transportar más ruedas de repuesto dentro del coche que en los otros equipos, además que los neumáticos finlandeses que incorporaban eran mucho más efectivos que los de sus rivales.

Otra de las claves de la victoria que finalmente obtuvieron los Mini fue que a pesar de tener poca potencia en subida y quedar claramente retrasados, aprovechaban bajadas y zonas viradas para ir más rápido que sus rivales gracias a sus efectivos frenos, maniobrabilidad y reducido peso.









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