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Grupo B, mitos sobre ruedas

Los 4 grupo B más conocidosSin duda, una de las competiciones que actualmente más admiración y pasión despiertan entre los aficionados al automovilismo deportivo es la de rallye. A diferencia de la fórmula 1, que los coches son solo prototipos que corren en pistas hechas a propósito para las carreras, los coches de rallye son más o menos parecidos a los de serie (evidentemente adaptados y mejorados), que compiten por carreteras usadas a diario por los conductores. Por estas y muchas más razones, no es de extrañar que este tipo de competición levante auténticas pasiones entre un gran número de aficionados.

Y en los rallye, la categoría que más se recuerda, con una mezcla de nostalgia, añoranza y pasión a partes iguales es el Grupo B, categoría en la cual, entre principios y mediados de la década de los ochenta, competían vehículos con unas prestaciones, potencia y tecnología nunca vistas hasta entonces. Incluso los WRC actuales están todavía lejos en prestaciones y potencia respecto a los monstruos que dominaron los Grupo B.

Eran vehículos de leyenda con pilotos experimentados y realmente extraordinarios. Pilotos que hicieron llegar estos coches hasta el límite y viceversa, hasta que una serie de desgraciados accidentes hizo que se prohibiera esta categoría, entrando muchos de sus protagonistas en el mito.



El nacimiento de los Grupo B

En el inicio de la década de los ochenta, la aparición en escena del equipo Audi con su modelo Quattro marcará un punto de inflexión en la historia de la automoción moderna. A un excelente equipo humano formado por Hannu Mikkola, Stig Blomqvist y Michele Mouton se le sumó un coche casi invencible en las pistas gracias a su excelente mecánica y sus cuatro ruedas motrices, una configuración mecánica hasta entonces inédita en el mundial de rallyes.

Esta repentina aparición provocó una escalada de prestaciones en los vehículos rivales e incluso provocó que la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) dictara una nueva reglamentación que sirviese de marco para competir en el mundial: Los Grupo B.

Pero además de por su excelente abanico de pilotos e increíbles mecánicas, el equipo Audi todavía pasaría a la historia por otro aspecto importante, pues en 1981, la francesa Michele Mouton seria la única mujer que ganaría una prueba del Mundial de Rallyes, repitiendo la hazaña no solo en una ocasión, sino en tres durante la temporada siguiente. Estos éxitos la llevaron a escasos puntos de ganar el mundial por pilotos, que al final se llevo por un estrecho margen de diferencia su compañero de equipo Hannu Mikkola.

El resto de marcas, ante la aplastante ventaja de la marca alemana, poca cosa eran capaces de hacer aparte de "morder el polvo". No obstante, en esta época también existieron victorias épicas como la de Walter Rohrl con su veterano Opel Ascona 400. Esta hazaña provocó que el piloto fuese fichado para la siguiente temporada por el equipo Audi.



La competencia reacciona

Entretanto, mientras Audi acaparaba victorias, el resto de las marcas pusieron a sus ingenieros deportivos a trabajar para crear un vehículo capaz para frenar la superioridad de los germanos, llegando incluso a actuar rozando el margen de la reglamentación para crear unas máquinas cada vez más potentes y competitivas.

La primera marca en poner las cosas difíciles a Audi fue Peugeot con su nueva máquina, el 205 Turbo 16, presentado el 23 de febrero de 1983 y que debutó en el Rallye de Córcega de 1984 con Ari Vatanen a sus mandos. Después de una breve puesta a punto, la firma del león empezó a sumar triunfos y sus actuaciones se contaron por victorias.

Pero no solamente Peugeot fue capaz de crear un vehículo que plantase cara a Audi. Lancia, que hasta entonces competido con una evolución del mítico Stratos, el 037, sorprendió a propios y extraños al dar a conocer el que seria otro de los iconos del Grupo B, el Delta S4.

Este modelo de Lancia resultaba muy difícil de llevar al límite y no bastaba con un piloto normal, sino que precisaba de un profesional extraordinario. Fue entonces cuando Cesare Fiorio, el entonces director de competición de la marca italiana, fijó su mirada en un joven e impulsivo Henri Toivonen que a los mandos del 037 parecía nacido por y para la competición, reuniendo en una sola persona todas las cualidades que precisaba la firma de Turín. El debut de este binomio no pudo ser más espectacular, pues el nuevo S4 se adjudicó el RAC británico, última prueba de la temporada, demostrando a la competencia que lo tendrían muy, pero que muy difícil si querían ganar la escudería italiana.

Sorprendidos, tanto Peugeot como Audi poco pudieron hacer para detener el ímpetu de este nuevo equipo ganador que era Lancia y Toivonen. La principal perjudicada fue Audi que observaba como su modelo estaba llegando al límite de sus posibilidades y de nada le servían los llamativos alerones ni la maestría de sus pilotos para controlar la brutal potencia de 500 CV que literalmente hacían volar el vehículo. Por lo tanto, los Audi amarillos empezaban una época de decadencia a favor de sus rivales, que contaban con coches de concepción más moderna y algo más equilibrados, aunque con casi la misma potencia. Evidentemente, el factor sorpresa con el que contó la marca alemana se había ya desvanecido y por si fuera poco, otro rival empezó su andadura, el RS200 de Ford.



La crisis aparece ya en el horizonte

Pero en la siguiente temporada, la lógica empezaría a demostrar que esta escalada de prestaciones y tecnología era inaguantable para un piloto. Las personas no son máquinas y sus reacciones son limitadas y en muchos casos por debajo de lo exigido por estas brutales máquinas de competir. En el rallye de Argentina el experimentado Ari Vatanen sufrió un terrible accidente que estuvo a punto de costarle la vida. No obstante, esto no fue impedimento para que su compañero de equipo Timo Salonen se proclamase vencedor del mundial esa temporada.

Sin duda este fue el primer aviso de que los Grupo B podían ser unos vehículos peligrosos para la integridad física de sus propios pilotos. No obstante, como sucede habitualmente, no se hizo demasiado caso a estas circunstancias y se continuó con la escalada de coches cada vez más potentes, rápidos e inestables. Además, no solamente los Grupo B resultaban muy peligrosos para sus pilotos, sino que también lo eran para el público que se aglomeraba, imprudentemente, al borde de la pista para ver de cerca y tocar literalmente a sus ídolos en plena acción. A la gran incompetencia de la FIA en tomar decisiones rápidas se sumó un accidente en el cual el Ford RS200 de Santos se salió de la pista y causaría la muerte a tres espectadores, además de heridas graves a muchas más personas que se vieron afectadas por el siniestro.

Pero la fatalidad todavía guardaba su principal y siniestra carta en la manga, que la jugaría el viernes 2 de mayo de 1986, durante el rallye de Córcega. Cuando Toivonen y su S4 aventajaban al resto de sus rivales con casi tres minutos de diferencia, el piloto no pudo negociar una curva y se precipitó por un barranco, explotando el vehículo entre los árboles, segando la vida del piloto y del copiloto, que morirían totalmente carbonizados. No hubieron testigos del accidente.

Finalmente, después de tan trágicos sucesos, la FIA reconoció la peligrosidad de los Grupo B y finalizada esa temporada, que ganó Peugeot con Juha Kankkunen, se suprimió la categoría.



El mundial después de los Grupo B

Desde la desaparición del Grupo B, quedó como máximo exponente de competitividad los Grupo A, coches de serie modificados que resultaban incluso una caricatura respecto a los prototipos de la temporada anterior. Además, pocas marcas pudieron aguantar el cambio y solo una de ellas tenia un automóvil preparado y completamente competitivo. Era Lancia con su Delta 4WD, al cual le fueron aplicando casi con cuentagotas las soluciones mecánicas y experiencia adquirida con el fatalmente desaparecido S4.

No obstante, uno de los modelos míticos del Grupo B pudo sobrevivir en otras competiciones famosas. El Peugeot 205 T16, gracias a la intervención de Jean Todt, evolucionó de forma que pudiese participar en el famoso raid Paris-Dakar, con un Ari Vatanen todavía convaleciente al volante, el cual agradeció de esta forma tan particular el excelente trato que siempre recibió por parte de la marca francesa. También aproximadamente por esas fechas se inscribió el 205 para su participación en la mítica Pikes Peak, potenciando el coche hasta los 700 C.V., pero la mala suerte volvió a hacer acto de presencia, esta vez en forma de la avería en una abrazadera que obligó al equipo francés a abandonar la prueba.

Otro mítico componente de los Grupo B también pudo sobrevivir en el mundo de la competición. El Ford RS200, que con una escasa participación en la categoría, a la anulación de esta participó en rallyes menos importantes como los campeonatos estatales, entre ellos el de España, donde la reglamentación todavía permitía la inscripción de estos modelos.







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Comentarios realizadosComentarios recibidos


Arturo: Buenas,noches, eso eran auntenticos pilotos, solo de ver las imagenes se ponen los pelos como escarpias, si señor, una pena no poderlos tener ahora, nos confomaremos con los wrc, pero no se parecen ni en pintura, un lujo el poder ver estas imagenes, un saludo


Alex Cano: Me ha gustado mucho esta informacion sobre el grupo b, soy un aficionado a rally y me gustan mucho los coches y la potencia de este grupo, tambien me ha gustado porque no sabia como se llamava el piloto del catastrofico accidente del lancia delta.





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