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Volkswagen New Beetle Funsport. Kit Bburago Escala 1:18

Volkswagen New Beetle Funsport
Kit Bburago Escala 1:18


Curiosa reproducción Funsport Beetlemania del Volkswagen New Beetle, realizada por Bburago a escala 1:18., con unas llamativas decoraciones aludiendo a diferentes deportes. Esta referencia tenia el número 7022 del catálogo antiguo de la marca italiana.

Esta miniatura se encuentra en formato Kit, es decir, por montar dentro de su caja original, la cual está cerrada y con sus precintos originales. Su estado es nuevo.

Precio: 22 Euros


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Se encuentra en: Inicio > Otros temas > Coches > La sorprendente epopeya de Bertha Benz


La sorprendente epopeya de Bertha Benz

Bertha, esposa de Carl BenzAunque desafortunadamente todavía existan cavernícolas personas empeñadas en afirmar que coches y mujeres están reñidos, apoyando sus argumentos en leyendas urbanas absolutamente demenciales como atribuir a las mujeres una peor conducción o incapacidad de aparcar correctamente, lo cierto es que el papel de la mujer en la historia del automovilismo ha sido crucial, siendo probablemente el caso de Bertha Benz uno de los más destacados.

Vaya este artículo dedicado a todas aquellas personas que erróneamente desconfían de las capacidades de las mujeres al volante o que ignoran su participación en la historia del automovilismo.

La importancia de la figura de Bertha Benz (1849-1944) no solo radica en que fue pilar básico de su esposo Carl (1844-1929) en los momentos más difícil, sino que también fue la primera persona en la historia que cubrió un trayecto largo con automóvil.

Para comprender y valorar mejor la extraordinaria epopeya de Bertha es preciso comentar que en aquella época a las mujeres casadas les era vetado emprender o participar en cualquier negocio. A todo ello hay que sumar el estado incipiente de la industria del automóvil, con unos vehículos absolutamente distintos a lo que hoy por hoy conocemos como coches, pues eran tan duros y difíciles de manejar que incluso muchos hombres se veían incapaces de ello.

Conociendo esto, trasladémonos hasta la Alemania de 1885 para encontrar un Carl Benz que tras muchos esfuerzos e inversión de grandes cantidades de dinero se dispuso a presentar ante el público un triciclo autopropulsado con motor de explosión, el cual usaba como combustible ligroina, un tipo de gasolina depurada que por entonces solo era posible encontrarla en las farmacias.

No obstante, el primer paseo de prueba que realizó Benz a bordo de su triciclo resultó un auténtico desastre, pues tras recorrer algunos cientos de metros el vehículo se descontroló y chocó bruscamente contra una pared. Ello hizo que ninguno de los presentes confiara en el vehiculo del ingeniero, quien vio como sus últimos recursos financieros literalmente habían colisionado contra un muro. De carácter depresivo Carl se sumergió nuevamente en la desesperación y el desaliento de sus propias capacidades. Muy probablemente esta historia hubiera terminado así de no ser por una nueva intervención de su esposa Bertha, quien optimista., decidida y siempre confiada en el éxito de su marido se venia mostrando como su soporte fundamental.

Aquella no seria ni muchísimo menos la primera intervención decisiva de Bertha en el trabajo de Carl, pues ya durante su noviazgo convenció a su familia para que le anticiparan el dote que le correspondía y que utilizó para que Benz afrontara la desesperada situación monetaria en la que se encontraba por culpa de su socio. No obstante, la participación económica de Bertha en el negocio se vio interrumpida por su boda, impidiéndole a partir de entonces y por ley ayudar económicamente a su marido.

Pero el mayor potencial de Bertha no era su dinero, sino su decisión y sobretodo su gran capacidad de análisis. Reflexionando sobre lo sucedido ante la demostración pública del triciclo, Bertha dedujo muy correctamente que pese a que la gente acogió con entusiasmo el invento del triciclo también se mostraba desconfiada de su fiabilidad, sobretodo por el hecho que fuera movido sin la necesidad de fuerza animal, existiendo incluso quien consideraba aquello como un invento del diablo. Y para colmo de males solo faltó ese fortuito accidente durante su presentación, sin duda la peor situación que podía suceder.

Sin que su marido lo supiese así como también desobedeciendo a las autoridades, en la madrugada del día 5 de agosto de 1888 Bertha carga en el triciclo a sus dos hijos mayores Richard y Eugen (de trece y quince años respectivamente) y con la excusa de ir a visitar a su madre se dispone a afrontar un viaje hasta Pforzheim. La distancia total y nada despreciable a cubrir era de 106 kilómetros, aventura que con un triciclo de esas características y unas polvorientas pistas de tierra todavía hoy podríamos considerarlo una temeridad.

Pero esto no era todo, pues el triciclo que conducía solamente era una de las unidades de prueba que existían, las cuales ninguna de ellas había hecho jamás un viaje largo. Por lo tanto, ni el propio Carl era capaz de imaginar un trayecto largo con ninguna de esos prototipos.

Tal y como era de esperar el camino no fue nada plácido para el grupo, pues estuvo plagado de numerosos problemas los cuales fueron solucionados eficazmente por la señora Benz. Aparte sería injusto olvidarnos del papel crucial de sus dos hijos quienes se encargaron de empujar el vehículo en las cuestas.

Aparte del problema de surtirse de combustible, el cual como anteriormente se ha comentado solo se encontraba en establecimientos farmacéuticos, aparecieron diversos problemas mecánicos como por ejemplo la rotura de una cadena que fue arreglada por un herrero. También los frenos del vehículo causaron problemas aunque Bertha no solamente los reparó sino que incluso con su improvisación los mejoró, apareciendo de esta forma las primeras pastillas de freno. Otro de los problemas que tuvo fue un tubo del combustible obturado, el cual limpió mediante el uso de una horquilla.

El hecho es que al atardecer de ese mismo dia Bertha y sus hijos llegaron sanos y salvos a su destino, lugar en el cual la viajera envió un telegrama a Carl para indicarle que el primer viaje de larga distancia había sido un éxito.

Afortunadamente este sensacional acontecimiento se divulgó con gran rapidez, convenciendo a los críticos de la fiabilidad del invento puesto que incluso una mujer con sus hijos era capaz de conducirlo. Ello constituyó el punto de partida para que Benz emprendiera una meteórica carrera como constructor, declarándose aquel triciclo como el primer automóvil con motor de combustión interna de la historia. A destacar que a lo largo de los años la compañía del señor Benz derivaría en lo que hoy es Mercedes-Benz.

Por otra parte, las peripecias que sufrió Bertha durante el trayecto fueron estudiadas con detenimiento, extrayéndose soluciones que resultarían clave para los vehículos construidos a partir de entonces.










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