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Se encuentra en: Inicio > Comics Bruguera > José Luís Beltrán (Tran) José Luís Beltrán (Tran)
Déjenos el lector/a ser un poco reivindicativos y comentar que consideramos totalmente injusto este olvido hacia una multitud de autores y autoras que ayudaron a engrandecer muchas revistas infantiles de comics de la editorial, pues aunque se les empeña en denominar "secundarios", nada hubiera sido lo mismo sin este abanico enorme de profesionales y sus respectivas creaciones. En esta ocasión, nuestro autor invitado es José Luís Bertrán, más conocido como Tran, creador del siempre estresado Plurilópez, padre del genio de la decoración Tete Gutapercha (el cual comparte muchas características con el propio autor) o Purita y su loca agencia matrimonial, con un botones que algo tiene de autobiográfico. José Luís Beltrán Coscojuela (Tran) nació en Zaragoza un 7 de febrero de 1931 aunque sus padres se desplazaron a vivir a Barbastro (Huesca) en 1936, por lo que nuestro protagonista francamente vio poco de la capital aragonesa durante su infancia. Según recuerda, la escuela le gustaba más bien poco, odiando especialmente los números y todo lo que tuviera relación con las matemáticas, aunque por fortuna de sus futuros lectores, fue precisamente en este templo del saber donde se empezó a aficionar al dibujo, pues era costumbre suya realizar caricaturas de todos los profesores de la escuela, algo que a estos no les hacia ni pizca de gracia. Tampoco sabemos si a pesar de esta fuerte aversión hacia la escuela sacaba buenas o malas notas, aunque probablemente por el bostezo que le causaban las clases su padre lo empleó muy pronto como botones en un banco. Estuvo en este oficio algunos años a pesar de que esta servicial tarea no fuera santo de su devoción. Al mismo tiempo que estaba trabajando para la banca y el capital privado (probablemente decirlo así queda más elegante) empezó su carrera artística en un periódico local denominado “El Cruzado Aragonés” de Barbastro, para el cual dibujaba caricaturas y realizaba una entrevista a un personaje cada semana. Como era uso y costumbre, (curiosamente todavía lo sigue siendo), dicho trabajo no estaba remunerado, pues ya era bastante pago publicar algo en alguna parte (nótese el sentido irónico de esta frase…) Resultado de todas aquellas caricaturas que Tran dibujó fue que realizó su primera exposición y afortunadamente vendió todas las láminas que expuso. Con los ingresos que recaudó pudo ir de de viaje de novios a París en el año 1954, aprovechando su estancia en esta ciudad europea para visitar el Museo de Arte Moderno. A partir de entonces también se dedicó más seriamente a la pintura, participando en concursos que habitualmente ganaba. Pero no todo resultaba tan fácil en la vida del artista, pues por causa de la pintura tuvo uno de los sustos más grandes de su vida cuando, ensimismado ante la idea de pintar un bello paisaje con ermita incluida, plantó su caballete en medio de un campo de labranza. Los dueños de ese campo, suponemos que celosos de su trabajo y enfadados con el muchacho que había entrado en sus tierras, pudiendo él solo echar a perder toda la cosecha del año, soltaron a un perro que hizo correr Tran no solamente campo a través, sino que también cruzó a la velocidad del rayo márgenes, cunetas y todo lo que pudiera encontrarse por delante, dejándose olvidados los enseres de pintor en el campo. No fue hasta unos días después, que con ayuda de su propio padre pudo recoger sus utensilios, los cuales se encontraban todavía esparcidos por todo el sembrado. También la pintura provocó que estuviera a punto de perder una de sus mejores amistades, ya que un buen día nuestro protagonista decidió ir a pintar un monasterio, el cual se encontraba algo lejos de donde vivía. Recordando todavía su aventura con el perro del campesino, intentó convencer en vano a varios de sus amigos para que alguno lo acompañara. Finalmente sus dotes de persuasión lograron convencer a uno de ellos, el cual lo acompañó con evidente mala gana y cara de fastidio, pues caminar un buen trecho para ir a pintar no era lo que él consideraba pasárselo bien. Después de caminar y caminar durante varios kilómetros llegaron a su destino y, con el amigo completamente agotado por la caminata, Tran fue preparándose para pintar un paisaje que como muy bien adivinó era excelente. No obstante, se dio cuenta de un detalle: ¡Se había olvidado los pinceles en su casa! Cuenta Tran que el camino de vuelta fue peor que el de ida, pues el amigo no medió con él ni media palabra y caminaban uno a cada lado de la carretera. Afortunadamente con el tiempo se le pasó el enfado a la amistad, aunque tuvieron que pasar cuatro meses para ello. Como la mayoría de artistas, nuestro protagonista es absolutamente polifacético, pues también le gustaba la música y aunque nunca se atrevió a tocar ningún instrumento musical por respeto a los autores de partituras, si que realizó poesías que a la larga se transformaron en boleros, interpretándolos él mismo en su trio musical llamado “Trío de ases”, aunque esta fue una etapa se le pasó relativamente pronto. Poco después se dedicó a la publicidad, realizando carteles para diferentes comercios de su localidad, escribir cuentos e incluso dedicándose al teatro ejerciendo desde maquillador hasta actor. En 1959 vuelve por un corto periodo de dos años a su Zaragoza natal, ampliando allí su conocimiento en pintura asistiendo como alumno a la Academia Bueno. Fue aproximadamente en aquella época cuando Tran se decidió por el dibujo humorístico, y admirador de la obra de Peñarroya y Cifré, ni corto ni perezoso un día viajó hasta Barcelona para conocerlos "en vivo y en directo". Llegado al estudio de los dibujantes, no solamente encontró a estos dos profesionales, sino que también coincidió con Escobar, Conti, Giner y Enric. Después de su visita, durante algún tiempo Tran se carteó con Peñarroya, enviándole infinidad de dibujos e historietas, los cuales siempre eran devueltos muy educadamente por el dibujante, aconsejándole que la mejor manera para publicar era dibujar, dibujar y dibujar. Suponemos que más por pesado que por ánimo de contratar un nuevo talento, en los años sesenta Tran por fin fue admitido como dibujante en Editorial Bruguera, creando inicialmente historietas cortas de "La familia Repanocha", una serie que había enviado a Peñarroya para que este lo "enchufara" en la editorial. Posteriormente publicaría más asiduamente con "Ringo" para Tío Vivo y más adelante para la revista DDT. Y francamente creemos que Editorial Bruguera no se debió arrepentir de la decisión de fichar a Tran, pues durante muchos años trabajó muy duramente con personajes todavía hoy harto recordados. Según comentaba el autor, su jornada habitual de trabajo era de doce horas delante de la mesa de dibujo, creando grandes cantidades de material que le solicitaba la editorial a un ritmo frenético. Afortunadamente contó con la ayuda de varios guionistas destacados de la casa, como por ejemplo Armando Matías Guiu, José María Echauri, F. Serrano, Charly o Julio Fernández. Asimismo, algunas de sus historietas también realizó el guión él mismo. Al cabo de un par de años de colaborar habitualmente con Editorial Bruguera, en 1962 el dibujante se trasladó a Barcelona fijando en la ciudad condal su residencia. Además de su trabajo como dibujante de historietas, paralelamente continuó su carrera de pintor, realizando exposiciones anuales con cierto éxito de ventas. Además hizo trabajos en publicidad como por ejemplo dibujando cromos para la marca "Dunkin" y colaboró en películas de animación de los Estudios Marcián. Fuera del ámbito puramente artístico, al igual que su personaje Tete Gutapercha trabajó como decorador y también hizo sus pinitos como inventor, creando un modelo de colchón inflable para mar y piscina que luego "explotó" otra persona… ¡La modestia del artista, sin duda! En cuanto a su trabajo para publicaciones, aparte de las revistas Bruguera se podía encontrar obra suya en revistas tanto nacionales como extranjeras, como por ejemplo "El Mundo Deportivo", "Matarratos" o "Cine-Mundo" solo para mencionar unos pocas cabeceras. Ya con una carrera más que consolidada y que abarcaba más de un frente, en el año 1977 vuelve a retomar con fuerza su afición a la pintura y poco a poco iría dejandosu actividad como dibujante humorístico, hasta que en 1984 y a pocos años antes de la caída del imperio Bruguera, encontramos a nuestro protagonista dedicándose exclusivamente a la pintura. En la actualidad, Tran todavía se dedica a la pintura, firmando con el pseudónimo de Humberto Tran, repartiendo su trabajo entre Barcelona y Sitges, donde tiene su otra residencia habitual. Su estilo es Neoformista y para las personas que de arte moderno entendemos más bien poco (incluyéndome a mí), dicho estilo podría definirse simplemente como una corriente que combina el arte geométrico con el abstracto, empleando colores contrastados y formas que recuerdan las realizaciones Naïf. Huelga decir que el Neoformismo lo creó el mismo en 1984, escribiendo incluso un manifiesto con las pautas de dicho estilo. |