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El dibujante Jaume Rovira

Jaume RoviraComo sabrá el lector/a habitual de Rosaspage.com, en esta web nos encanta conocer las historias de primera mano y si son contadas por sus propios protagonistas mejor que mejor.

Desgraciadamente hay personajes con los cuales es ya imposible poder entrevistar. Ante tal situación se recurre o bien a información que ya existe (Internet, libros, revistas, televisión e incluso a la propia memoria del redactor) o los datos son facilitados por personas que de alguna forma u otra estuvieron vinculados con el protagonista del artículo. Como supondrá la persona que lee este texto, la creación de un artículo por simple que parezca tiene determinada complejidad y sobretodo muchas horas previas de preparación.

Por fortuna, en el caso del protagonista de este escrito, fue el propio Jaume Rovira en persona quien nos atendió muy amablemente cuando contactamos con él, respondiéndonos a las cuestiones que le planteamos con la intención de realizar este artículo.

Francamente fue una sorpresa la atención que nos prestó, pues aunque siempre nos empeñemos en considerar todas las personas por igual, para un dibujante amateur que ha leído y admirado desde su infancia el trabajo de Rovira, francamente es todo un lujo preparar conjuntamente un escrito como este. Es por esta razón que formularle preguntas a cerca de su experiencia como dibujante se convierte un poco en escribir una carta a los reyes magos, esperando con ilusión que te traigan todo lo que les pides. En el caso del dibujante, conocer todo aquello que durante años has esperado preguntar acerca de sus personajes, experiencias, etcétera…

Antes de entrar de lleno en el artículo, comentar que este texto se ha centrado en la etapa del dibujante previa a su entrada a Editorial Bruguera, relatando aspectos de su infancia que lo configuraron como uno de los "grandes" del cómic nacional.



Los primeros pasos como artista

Al igual que muchos dibujantes que hicieron de este arte su oficio, Rovira ya era aficionado al dibujo y a la pintura desde mucho antes de publicar su primera página en revista alguna. Sin duda alguna, este instinto constructivo de representar mediante dibujos el mundo que lo rodea ya en la infancia parece ser una constante en muchos grandes dibujantes y artistas.

Según él mismo nos comenta, el nacimiento de esta devoción le surgió bien pronto en sus primeros cursos en la escuela, cuando se sintió fascinado por los dibujos a color de una religiosa, empezando a cultivar a partir de ese momento, y de forma totalmente autodidacta, la pintura al óleo, retrato y también caricatura.

Relacionado con su afición y buena mano respecto con la caricatura, nuestro protagonista tuvo un excelente lugar donde aprender a distinguir y copiar rasgos faciales, pues sus padres regentaban una fonda (hostal) donde constantemente desfilaban todo tipo de personas. Así pues, y con el paso de los años, aquel ir y venir de personas fue una verdadera escuela para nuestro dibujante, permitiendo copiar los rasgos de las personas que le parecían más interesantes. Además esta variedad constante de personajes hizo que conociera que fuera de su localidad e incluso del existía un vasto y variado mundo, sintiéndose ya de pequeño familiarizado con personas de habla inglesa, francesa e incluso alemana, idioma por el cual Rovira sentía gran curiosidad.

Por otra parte, el amor de nuestro protagonista por los cómics también le vino durante esta etapa infantil, pues su familia estaba acostumbrada a la lectura gracias a los libros y periódicos que regularmente entraban en su hogar, incluyendo los cómics o tebeos que hacían su aparición durante los fines de semana.

Su afición por los cómics era también compartida con el resto de la familia, incluyendo padres, tíos y abuelos. Siempre haciendo caso de las palabras del dibujante, las publicaciones que habitualmente compraban eran Pulgarcito y TBO aunque también se podían encontrar bastantes ejemplares de la escuela valenciana como Pumby y Jaimito además de Capitán Trueno o Hazañas Bélicas que llegaban mediante un abuelo suyo que vivía en la ciudad de Barcelona.

Así pues, como el lector/a puede comprobar, nuestro protagonista siempre pudo gozar de un completo panorama tebeístico y con las publicaciones para jóvenes más significativas de aquella época. Sin apartarnos de la revista Pulgarcito de Editorial Bruguera, comentar que esta revista le permitió al joven Rovira su primer contacto con el mundo de los autores de cómic, pues mediante un anuncio publicado en esta revista pudo contactar por primera vez (y de una forma un tanto particular) con el añorado Josep Escobar.

Justo en aquellas épocas Escobar dirigía una academia de dibujo a distancia y mediante un anuncio publicado en Pulgarcito Rovira se apunto a ella, entregando los ejercicios que luego serian corregidos por el propio autor de Carpanta. Aunque inicialmente Rovira no se creía que fuera el propio dibujante quien personalmente corregía y orientaba a los alumnos, la verdad es que así fue, tal y como tiempo después comprobó cuando Escobar y Rovira se convirtieron en compañeros de editorial. Hay que comentar que este trato entre maestro y alumno duró hasta la muerte de Escobar.

Aunque Josep Escobar significó para Rovira una puerta de entrada en el mundo profesional del dibujo, nos equivocaríamos de lleno si afirmásemos que Rovira entró en Bruguera por medio del ya entonces veterano dibujante, pues este como director de una academia de dibujo se negaba a recomendar a sus propios alumnos. Como se diría vulgarmente, no quería "enchufar" a nadie, ganándose aquella persona por méritos propios el hecho de trabajar para una editorial tan enorme como Bruguera. Lo cierto es que la entrada de Rovira en Editorial Bruguera fue algo más rocambolesca y en cierta manera, incluso significativa en la época en que todos estos hechos sucedían.

En aquellos años sesenta en los cuales Rovira contaba solamente con dieciséis o diecisieta años de edad, un quiosquero amigo de la familia se percató de las posibilidades del chico y, aprovechando que él mismo tenía contacto con Editorial Bruguera en la medida que vendía ejemplares de la editorial en su kiosco, trazó un astuto plan para presentar a Rovira al personal de la editorial y con la intención de que se fijasen en su trabajo. Sin duda alguna, el habano con el que el quiosquero obsequió al portero-controlador de la editorial facilitó las cosas para que este los dejara pasar.

A partir de entonces y por espacio de unos cuantos años, el señor Jordi Bayona, director y redactor de la época fue corrigiendo los dibujos que Rovira realizaba, aunque hasta el momento no le publicaron ninguna historieta o caricatura suya. A modo de aprendizaje, hay que destacar que el señor Bayona mostraba habitualmente al joven Rovira los originales acabados de entregar de los dibujantes más conocidos de la editorial, lo que fue una auténtica escuela para nuestro protagonista.

Aunque por fin llego ese gran momento con el que todo autor amateur sueña y es ver su trabajo junto al de los otros profesionales en una publicación, pues un buen día le mostraron a Rovira un ejemplar DDT acabado de imprimir, el cual incluía una de sus realizaciones. Realmente fue una gran sorpresa para aquel chico lleno de ilusiones y de futuro, ya que no se lo habían dicho previamente.

El protagonista de esa historieta ni tan solo tenía nombre por aquel entonces, bautizándolo el personal de la editorial con el sencillo nombre de "Pepe". Su estilo de dibujo inicial era parecido al de Uderzo aunque rápidamente varío asemejándose al de Vázquez, reconociendo el propio Rovira que francamente resultaba una como mímino curiosa metamorfosis.



Un nuevo dibujante en Bruguera

Segis y Olivio de Jaume Rovira

A pesar de su juventud el nombre de Jaume Rovira quedó ligado al de una generación de grandes dibujantes de Bruguera como Ibáñez, Segura o Raf, los cuales en cierta medida vinieron a completar firmas más veteranas como Escobar, Conti o Peñarroya por citar unos pocos ejemplos. En el momento de Rovira publicar su primer trabajo en Editorial Bruguera, esta segunda generación ya hacia tiempo que estaba en marcha, con gran cantidad de trabajo publicado.

Así pues, no hubiera sido nada extraño que estos dibujantes hubieran considerado a Rovira como un "novato" o perteneciente a una generación más joven que la suya, aunque lo cierto es que Jaume fue excelentemente bien acogido por los pesos pesados de la editorial, siendo él consciente del privilegio que significaba acompañar a estos en tertulias o discusiones en la misma redacción, incluso en los desayunos y las comidas habituales.

En anteriores párrafos se ha comentado la relación alumno-maestro que guardaba con Escobar, aunque nuestro protagonista también recuerda con especial cariño a Raf, el cual siempre quiso que le dispensara un trato de igual a igual, pues Rovira por educación acostumbraba a tratarlo de usted y el autor de Sir Tim O´Theo insistía repetidamente en que lo tuteara. También recuerda de Raf cuando tomaba páginas de Rovira y después de mirarlas un rato le comentaba que las trabajaba demasiado y que él iba más al grano.

Continuando con este añorado dibujante, en una cena de homenaje a Escobar en el que asistieron los dibujantes con sus respectivas parejas, Raf le confesó a Rovira que a su esposa prefería a Segis y Olivio que los personajes que él mismo dibujaba. Por cierto, Raf también fue uno de los fieles a la comida semanal que celebraron los dibujantes durante años, convirtiéndose en el centro de la reunión gracias a su vehemencia, sinceridad y pasión por como se tomaba las cosas. Así pues no es de extrañar que Rovira recuerde a Raf como una de las mejores personas que ha conocido en esta profesión aparte de ser un gran dibujante, representando su muerte una pérdida irremediable.

Durante esos primeros años de Rovira en Editorial Bruguera el dibujante recibió numerosos consejos cortos pero eficaces de maestros como Peñarroya, Escobar, Conti, Vázquez y también de Raf además de ser recibido en contadas ocasiones por el señor Rafael González, auténtico gurú de la editorial y que a pesar de no mirar nunca directamente a los ojos era capaz de realizar comentarios francamente impactantes, de aquellos que se enmarcarían y se dejarían colgando en la pared. Precisamente fue el mismo señor González quien decidió poner a Rovira al lado de Vázquez pues comprobó que este no había adquirido el estilo de Escobar o Ibáñez tal y como le aconsejó en sus inicios.

Por cierto, hay que destacar también la presencia de nuevos guionistas como Perich, Andreu Martín o Jaume Ribera, incorporación que significó una auténtica entrada de aire fresco. En cuanto a dirección Rovira también recuerda con agrado a Jordi Bayona, Julio Fernández, Vidal y Armando Matías Guiu, los cuales siempre se mostraban abiertos a todas las novedades siempre que siguiesen el orden y la filosofía característica de Bruguera, la cual ya entonces se decantaba más hacia la cantidad que por la calidad.

La editorial cada vez exigía más a sus dibujantes, o mejor dicho solicitaba cada vez más material que se pudiese insertar en su numeroso catálogo de publicaciones. Es por esta razón que siempre solicitaban personajes nuevos y si estos gustaban se daba luz verde a su continuación. Según recuerda Rovira, él mismo llegó a dibujar la friolera de cuarenta páginas al mes aunque ni este esfuerzo parecía satisfacer aquella auténtica fábrica de publicaciones.

A pesar de este duro trabajo Rovira nunca tuvo el sentimiento de querer abandonar lo que estaba haciendo. Justo al contrario consideraba que había encontrado precisamente lo que le gustaba hacer y se dedicaba a ello con gran entusiasmo, además de tener la sensación acerca de que era imprescindible aprender muy rápido de todas partes y de todos. Como consecuencia de este afán por mejorar día a día el dibujante acudía cada semana a la Librería Francesa situada en la Avenida Diagonal de Barcelona para comprar álbumes franceses y belgas, además de adquirir la revista satírica norteamericana MAD. Esto el permitía conocer lo que se hacia fuera de nuestras fronteras y adquirir más ideas para adaptarlas al trabajo que realizaba.

A la hora de experimentar nuevas influencias y aplicar ideas propias siempre tuvo una total libertad, incluso cuando empezó a utilizar fotografías o tramas en sus páginas (en la serie Hotel Mediestrella utilizó en muchas ocasiones este sistema) a pesar que en ocasiones presentaban algunos inconvenientes técnicos a la hora de imprimir.



El "dire" Armando Matías Guiu

La serie Hotel Mediastrella tenía una característica bastante especial y es que, entre el carrusel de variados personajes habitualmente aparecía Armando Matías Guiu, uno de los directores de revistas de la época, convirtiéndose casi en personaje habitual.

Esta práctica no fue exclusiva de Rovira, así como tampoco fuel iniciador de ello, pues el primer en mostrar directivos o personal de la empresa en sus páginas fue Francisco Ibáñez con el director de "Tío Vivo" Julio Fernández, quien también era guionista y antiguo boxeador entre otras cosas. Es por esta razón que Ibáñez en ocasiones lo representaba en las páginas de Pepe Gotera y Otilio repartiendo porrazos a pesar de que Julio era una excelente persona.

A Matías Guiu le encantaba aparecer en las historietas de Rovira, haciendo gala de su fina ironía y ese humor tan típicamente catalán que según dicen se parece mucho al británico. El señor Armando utilizaba siempre y en todo momento este tipo de humor, siendo en ocasiones incluso sarcástico aunque nunca sobrepasando ciertos límites.

Tal y como Rovira recuerda, Matías Guiu era un director que más trabajaba (y también hacia trabajar más) los guiones, insistiendo siempre en que no tenía que existir ninguna viñeta sin detalles que provocasen la sonrisa en el lector/a, ya sea en el dibujo como en el diálogo. Era partidario más de la sonrisa que de la carcajada así como también de la sucesión de mayor número de gags posible. Es por esta razón que si consideraba que se podia mejorar un guión no dudaba en rectificarlo.

Como se comentó en el artículo que Rosaspage.com publicó en su día sobre él, Armando Matías Guiu era un auténtico hombre-orquesta que hizo de todo y en gran cantidad; novela, teatro, series radiofónicas (destacando los Cuentos del Tambor de la SER), publicidad y crítico musical con una pagina fija en Lecturas que escribió hasta su muerte. Su única frustración fue la de no haber realizado nada en televisión, pues aparte de tener un pequeño defecto en el habla, hablaba bajito y cerrado. No obstante tenía grandes conocimientos del medio conociendo a prácticamente todo el mundo.

Y como no, Matías Guiu era un gran explicador de historias, ya sean imaginarias o reales, como por ejemplo las aventuras que vivió en Granollers durante la Guerra Civil Española y que explicaba como si los oyentes estuvieran viendo una película.



Un autor con ilusión en innovar

Pero volvamos de nuevo al protagonista de este artículo y al trabajo que desarrolló en Bruguera como uno de los autores ya entonces más reconocidos y actualmente uno de los más recordados de la editorial.

Rovira era un autor que experimentaba de forma constante en su trabajo, utilizando habitualmente en las historietas que dibujaba tramas e incluso fotografías, incluso cuando ver estos últimos elementos en comics Bruguera era algo totalmente inédito.

Inicialmente trabajó con tramas para intentar controlar y dar algo más de calidad a sus dibujos, pues hay que recordar que Editorial Bruguera editaba sus revistas de una forma un tanto burda, sobretodo a causa de la rapidez que exigían las máquinas impresoras. El propio Rovira confiesa que en muchas ocasiones deseaba que su trabajo apareciese en blanco y negro o bicolor antes que a todo color, pues era bastante habitual que los ejemplares impresos tuvieran los colores descentrados entre otros defectos.

Otra de las razones por las que utilizaba las tramas (a pesar de que en aquella época eran bastante caras de adquirir) era porque él necesitaba innovar diariamente y no realizar el mismo trabajo un día tras otro. Esta experimentación es lo que francamente le divertía y sin duda alguna este hecho se plasmaba en sus páginas, las cuales resultaban en muchas ocasiones novedosas y sorprendentes por las soluciones aplicadas a ellas. Posteriormente también incluyó fotografías de revistas y otros elementos.

Comentar que a la hora de experimentar tanto sus nuevas influencias adquiridas en revistas extranjeras como de aplicar tramas y fotografías, Rovira siempre tuvo total libertad y ningún responsable de la editorial comentó nada en contra de esta experimentación, incluso cuando estas novedades presentaban ciertos inconvenientes técnicos a la hora de imprimir. Probablemente una de las series donde el dibujante experimentaba más a sus anchas fue en la serie “Hotel Mediaestrella”, siendo habitual la aparición de fotografías (incluso a color) y tramas dentro de las viñetas.

Y evidentemente Rovira no era el único autor que experimentaba nuevas soluciones, pues por ejemplo Vázquez inventó unos enormes “bocadillos” que ocupaban un espacio tremendo en las viñetas y que luego rellenaba con largos y surrealistas diálogos. El motivo de ello no era crear un nuevo estilo sino el no tener que dibujar tanto, algo que el propio Vázquez comentó a nuestro protagonista. Ni incluso por este afán de quitarse trabajo de encima el autor de Anacleto fue amonestado por la dirección de la editorial. Sin duda alguna este autor era un genio del lápiz y se podía permitir esto y más.

Para terminar este artículo, consultando a Rovira sobre el final de Editorial Bruguera y que hubiera sucedido si esta se hubiera mantenido en activo hasta la actualidad, nuestro invitado de honor nos confiesa que evidentemente no puede hacer demasiadas hipótesis y conjeturas al respecto, aunque recuerda que a inicios y mediados de los años ochenta, justo cuando todo se empezaba a acabar, apareció una nueva hornada de dibujantes y guionistas que sin duda alguna habrían llegado muy lejos, superando incluso a las generaciones anteriores pues además hubieran tenido como aliadas las nuevas tecnologías que habrían hecho ganar en lo que a calidad se refiere a sus obras. Pero sin duda, y tal como nos comenta, todo esto son hipótesis y evidentemente lo que no ha existido no ha existido.







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Esta colección tenía un concepto idéntico a "Historias Selección" de Editorial Bruguera, la cual en un mismo tomo insertaba una novela juvenil junto a una versión en cómic de la misma historia.

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Estos libros fueron publicados en el año 1979 y 1986 respectivamente, tienen unas 190 páginas por tomo encuadernadas en tapa dura, un formato de 15,5x23 y con una impresión de muy buena calidad. A comentar que aproximadamente la mitad de sus páginas corresponden a la versión en cómic.

El estado de ambos ejemplares es de usados aunque en muy buenas condiciones y sin ninguna de sus páginas rotas, manchadas o separadas del lomo.

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Comentarios realizadosComentarios recibidos


Maginelmago: Jajaja... La evolución del dibujo de Rovira es para dedicarle una exposición o un artículo de los buenos. Uderzo, Ibáñez, Escobar, Vázquez, autores francobelgas... Disney... qué sé yo... Me gustan las historietas de Rovira.


Rosaspage: Pues francamente si que resulta curiosa la combinación de influencias del dibujo de Rovira, aunque francamente no es extraño debido a que de pequeño pudo leer gran variedad de comics además de tener la suerte de tener a los grandes de Bruguera como maestros.

Combinar el dinamismo de Escobar o Vázquez con el gusto por el detalle de Uderzo es sin duda alguna una excelente elección que aficionados a su trabajo agradecemos mucho.

Muchas gracias Maginelmago por tu acertada observación.

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