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Historia de Editorial Bruguera
Coincidiendo con el auge de las publicaciones populares de principios del Siglo XX, Joan Bruguera Teixidó de Barcelona fundó en 1910 una editorial llamada "El gato negro", firma que inicialmente se especializaría en novelas por entregas, libros de chistes y biografías populares. El característico logotipo, diseñado por Francesc Palop, identificaría los productos de la editorial durante los casi ochenta años de vida de la empresa.
A la muerte del fundador acontecida en 1933, sus hijos Pantaleón y Francesc serian los encargados de continuar con la empresa familiar y como ejemplo del nuevo rumbo que adquiriría la editorial, cambiaron el nombre de esta por el ya definitivo "Editorial Bruguera" en el año 1939. Casi al término de la larga post-guerra española, a partir de 1947 Bruguera publicaría de forma regular el semanario "Pulgarcito", medida que fue de nuevo muy bien acogida por parte de sus lectores, que agradecieron el resurgimiento del cómic infantil en un país gris que pocas alegrías se podía permitir. Es justamente a partir de esta época en que Bruguera adquiriría la reputación con la que gozaría hasta el fin de sus días, creando otras conocidas revistas como "DDT" (1951), "Din Dan" (1965) o "Mortadelo" (1970). Además de historietas, o tebeos como también se les llamó en clara alusión a su competidor TBO, Bruguera publicó novelas populares con dos líneas bien diferenciadas: Estilo Rosa con autores como Corín Tellado y estilo Western con Marcial Lafuente Estefanía. Además, también publicarían cómic para un publico juvenil con series como "El cachorro" o "El capitán Trueno". Coincidiendo con estos años dorados, Francesc Bruguera contaría con la ayuda de sus dos sobrinos Consol y Joan que gestionarían lo que ya era una gran factoría de entretenimiento. Durante la década de los sesenta y de los setenta, Bruguera seria la firma editora de comics y literatura "ligera" más importante del panorama nacional y con incluso delegaciones en países iberoamericanos. A la vez, los productos poco a poco tendrían más variedad y sobretodo más calidad, pues aunque en los años cuarenta el consumidor podía destinar poco dinero a entretenimiento, en los años setenta el lector medio era ya más exigente, pidiendo un producto con un papel mejor, a todo color e incluso más especializado, agradeciendo el nacimiento de la "Colección Olé!" que era una recopilación de historietas con los personajes más conocidos de la editorial. Es evidente que la historieta infantil fue el buque insignia de la editorial, a la vez que la fuente de mayores ingresos económicos, pero en los años sesenta, bajo la dirección de Francesc Bruguera, la editorial impulsaría de nuevo el genero literario con la publicación de novela, creando colecciones como "Narradores de hoy" o libros de bolsillo como "Libro amigo", colecciones en las cuales se podían encontrar autores tan reconocidos e importantes como Onetti, Pavese o Gabriel García Márquez con su inmortal obra "Crónica de una muerte anunciada" Otros factores que provocaron la subida imparable de la editorial eran que disponía de su propia imprenta y una red de distribución propia, aspectos que le sirvieron literalmente para arrasar con la competencia, la cual solo podía subsistir publicando productos que Bruguera no tenía entonces interés en ofrecer. No obstante, en el lado negativo de la balanza a la hora de analizar Bruguera, encontraríamos el hecho de que era muy celosa respecto a sus productos, pues el autor o equipo creativo no eran más que simples trabajadores que creaban un producto, propiedad de la cual se quedaba enteramente la editorial. Esto le valió críticas e incluso, antes del desmoronamiento final, problemas legales con dibujantes como Francisco Ibáñez por la propiedad intelectual de "Mortadelo y Filemón", tema que se tratará más adelante. La crisis del mercado latinoamericano supondría un duro golpe para Bruguera del cual nunca se recuperaría, siendo uno de los factores que provocaría el cese de sus actividades. La editorial entró en crisis y en 1982 suspendería pagos, declarándose en quiebra y desapareciendo definitivamente en 1986. Por fortuna las publicaciones Bruguera no desaparecerían con el cierre de la firma, pues unos meses después, el grupo Z adquiriría el fondo editorial, relanzando revistas como "Mortadelo", "Zipi y Zape", "Súper López" o "Pulgarcito" bajo el sello de "Ediciones B". Posteriormente incluso modernizaría el mítico TBO con una publicación a caballo entre los autores más vanguardistas y las historietas que dieron fama en los años sesenta a la publicación, una renovación que Bruguera intentó años atrás, al adquirir los derechos de la revista. La escuela Bruguera
Esta expresión, acuñada por el recordado escritor Terenci Moix, viene a definir todo un estilo a la hora de entender el cómic creado por Bruguera desde finales de la posguerra hasta el fin de sus días.
¿Y después de Bruguera?
El panorama español en lo que a comics se refiere quedó muy tocado después de la desaparición de Bruguera, aunque bien es cierto que ya desde hacia algunos años el género experimentaba un descenso notable tanto en ventas como en producción.
Pero sin duda, el proyecto más consistente fue "Guay!" de Ediciones Júnior (Grupo Editorial Grijalbo), publicación dirigida por Anna Ma. Palé, otra de las grandes figuras de Bruguera y que contó con la participación de Francisco Ibáñez, Josep Escobar, Segura y Raf, los cuales realizaron para esta publicación unos personajes parecidos a los que les habían dado fama. A pesar de contar con bastante material importado de la francesa Dargaud, sin duda fue la publicación más parecida a las antiguas de Bruguera, realizando incluso álbumes parecidos a "Colección Olé!". Pero hablar de esta época de transición es también hablar sobre derechos de autor y de personajes injustamente arrebatados a sus creadores. Francisco Ibáñez, autor de "Mortadelo y Filemón" abandonó Bruguera antes de la quiebra, hecho que provocó que sus personajes estrella fuesen dibujados por un equipo de la casa y firmados bajo "Equipo Bruguera". Al comprar "Ediciones B" todo el fondo editorial de la antigua empresa, también compró los derechos de autor de "Mortadelo y Filemón", siendo dibujados estos por el mismo equipo creativo y firmado por "Equipo B". Así pues, es fácil imaginarse la indignación de Ibáñez al ver como se pasaban los unos a los otros los derechos de publicación de sus propios personajes sin él poder intervenir. Coincidiendo con su etapa en "Guay!", Ibáñez logró, después de largos y penosos litigios la titularidad de sus personajes, provocando una curiosa "batalla", pues por una parte, Ediciones B publicaba la revista "Mortadelo" con comics de estos personajes dibujados por el equipo de la casa y por su parte Ibáñez publicó sus personajes en la revista "Yo y Yo" de Ediciones Júnior. Esto derivó en una absurda situación y sin precedentes de una misma serie dibujada por dos equipos diferentes y publicadas en editoriales distintas. Se trató de una batalla legal que en absoluto benefició a crear un clima propicio para el resurgimiento de una nueva historieta nacional. Finalmente, Ibáñez ingresó en "Ediciones B". Mientras tanto, aparte del fenómeno manga, otro fenómeno saltó a la palestra con inusitado ímpetu: los fancines publicados con escasos medios pero que resultaban muy atractivos para el lector que deseaba conocer cómic de autor. Uno de sus principales problemas, la distribución casi subterránea. |