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A la venta en nuestro mercadillo

Mortadelo Semanal de Lote 5 ejemplares

Mortadelo Semanal
Lote 5 ejemplares


A la venta en nuestro mercadillo un lote con cinco ejemplares de la revista Mortadelo que semanalmente publicaba Editorial Bruguera. En su interior pueden encontrarse historietas de Mortadelo y Filemon, Anacleto, El corsario de Hierro, etc...

Este lote incluye los ejemplares siguientes de los años 70 y 80

El estado de estos ejemplares publicados por Editorial Bruguera es muy bueno, sin páginas rotas, manchadas o separadas de la grapa.

Precio lote: 11,25 Euros
Precio por ejemplar: 2,25 Euros


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Historia de Editorial Bruguera

Coincidiendo con el auge de las publicaciones populares de principios del Siglo XX, Joan Bruguera Teixidó de Barcelona fundó en 1910 una editorial llamada "El gato negro", firma que inicialmente se especializaría en novelas por entregas, libros de chistes y biografías populares. El característico logotipo, diseñado por Francesc Palop, identificaría los productos de la editorial durante los casi ochenta años de vida de la empresa.

Mortadelo de 1982
Portada de la revista "Mortadelo" publicada en 1982.
1921 es el año en que el señor Joan Bruguera pondría en marcha una idea que marcaría el futuro de la empresa, pues tomando ejemplo de la revista TBO, aparecida en 1917, creó la revista infantil "Pulgarcito", con el subtítulo largo, porque no decirlo, de "Periódico infantil de cuentos, historietas, aventuras y entretenimientos". Esta revista, enfocada hacia un publico básicamente infantil daría fama y popularidad a la editorial, a la vez que generaría los ingresos suficientes para hacer prosperar la firma.

A la muerte del fundador acontecida en 1933, sus hijos Pantaleón y Francesc serian los encargados de continuar con la empresa familiar y como ejemplo del nuevo rumbo que adquiriría la editorial, cambiaron el nombre de esta por el ya definitivo "Editorial Bruguera" en el año 1939.

Casi al término de la larga post-guerra española, a partir de 1947 Bruguera publicaría de forma regular el semanario "Pulgarcito", medida que fue de nuevo muy bien acogida por parte de sus lectores, que agradecieron el resurgimiento del cómic infantil en un país gris que pocas alegrías se podía permitir. Es justamente a partir de esta época en que Bruguera adquiriría la reputación con la que gozaría hasta el fin de sus días, creando otras conocidas revistas como "DDT" (1951), "Din Dan" (1965) o "Mortadelo" (1970).

Además de historietas, o tebeos como también se les llamó en clara alusión a su competidor TBO, Bruguera publicó novelas populares con dos líneas bien diferenciadas: Estilo Rosa con autores como Corín Tellado y estilo Western con Marcial Lafuente Estefanía. Además, también publicarían cómic para un publico juvenil con series como "El cachorro" o "El capitán Trueno".

Coincidiendo con estos años dorados, Francesc Bruguera contaría con la ayuda de sus dos sobrinos Consol y Joan que gestionarían lo que ya era una gran factoría de entretenimiento. Durante la década de los sesenta y de los setenta, Bruguera seria la firma editora de comics y literatura "ligera" más importante del panorama nacional y con incluso delegaciones en países iberoamericanos.

A la vez, los productos poco a poco tendrían más variedad y sobretodo más calidad, pues aunque en los años cuarenta el consumidor podía destinar poco dinero a entretenimiento, en los años setenta el lector medio era ya más exigente, pidiendo un producto con un papel mejor, a todo color e incluso más especializado, agradeciendo el nacimiento de la "Colección Olé!" que era una recopilación de historietas con los personajes más conocidos de la editorial.

Es evidente que la historieta infantil fue el buque insignia de la editorial, a la vez que la fuente de mayores ingresos económicos, pero en los años sesenta, bajo la dirección de Francesc Bruguera, la editorial impulsaría de nuevo el genero literario con la publicación de novela, creando colecciones como "Narradores de hoy" o libros de bolsillo como "Libro amigo", colecciones en las cuales se podían encontrar autores tan reconocidos e importantes como Onetti, Pavese o Gabriel García Márquez con su inmortal obra "Crónica de una muerte anunciada"

Otros factores que provocaron la subida imparable de la editorial eran que disponía de su propia imprenta y una red de distribución propia, aspectos que le sirvieron literalmente para arrasar con la competencia, la cual solo podía subsistir publicando productos que Bruguera no tenía entonces interés en ofrecer.

No obstante, en el lado negativo de la balanza a la hora de analizar Bruguera, encontraríamos el hecho de que era muy celosa respecto a sus productos, pues el autor o equipo creativo no eran más que simples trabajadores que creaban un producto, propiedad de la cual se quedaba enteramente la editorial. Esto le valió críticas e incluso, antes del desmoronamiento final, problemas legales con dibujantes como Francisco Ibáñez por la propiedad intelectual de "Mortadelo y Filemón", tema que se tratará más adelante. La crisis del mercado latinoamericano supondría un duro golpe para Bruguera del cual nunca se recuperaría, siendo uno de los factores que provocaría el cese de sus actividades. La editorial entró en crisis y en 1982 suspendería pagos, declarándose en quiebra y desapareciendo definitivamente en 1986.

Por fortuna las publicaciones Bruguera no desaparecerían con el cierre de la firma, pues unos meses después, el grupo Z adquiriría el fondo editorial, relanzando revistas como "Mortadelo", "Zipi y Zape", "Súper López" o "Pulgarcito" bajo el sello de "Ediciones B". Posteriormente incluso modernizaría el mítico TBO con una publicación a caballo entre los autores más vanguardistas y las historietas que dieron fama en los años sesenta a la publicación, una renovación que Bruguera intentó años atrás, al adquirir los derechos de la revista.




La escuela Bruguera

Esta expresión, acuñada por el recordado escritor Terenci Moix, viene a definir todo un estilo a la hora de entender el cómic creado por Bruguera desde finales de la posguerra hasta el fin de sus días.

Aunque fueron importantes las series como "El Cachorro" de Juan García Iranzo o "Capitán Trueno" de Víctor Mora, el producto que Bruguera dominaba era el cómic humorístico enfocado hacia publico infantil, aunque bien es cierto que muchos adultos se "engancharon" a seguir las andanzas de sus personajes preferidos. Con un humor blanco, a medio camino entre el entretenimiento infantil y el costumbrismo satírico, los tebeos de Bruguera tenían un estilo fácilmente reconocible, como si todos los dibujantes hubieran de seguir forzosamente un libro de estilo el cual, aunque encasillaba en cierta medida al creador, también era lo que pedía el lector.

Las historietas Bruguera eran auto conclusivas, en las que el gag final merecía un tratamiento especial. Esta ultima viñeta siempre recogía un final explosivo de la historia, con el personaje protagonista habitualmente corriendo despavorido delante de otro personaje víctima de la torpeza, travesura o engaño del protagonista. Los temas a tratar eran más bien cotidianos y fácilmente reconocibles por el lector. Pocas veces encontraremos críticas hacia la situación política de entonces, aunque si que se jugaba y mucho con diversos estereotipos y se parodiaba la vida social.




¿Y después de Bruguera?

El panorama español en lo que a comics se refiere quedó muy tocado después de la desaparición de Bruguera, aunque bien es cierto que ya desde hacia algunos años el género experimentaba un descenso notable tanto en ventas como en producción.

Aunque es cierto que publicaciones como "1984" o "El Víbora" venían llenando un hueco dejado por Bruguera, el hecho de ser comics para adultos no facilitaba la expansión del cómic nacional entre los más jóvenes a la vez que Bruguera encasilló el cómic como un simple género infantil, sin apenas experimentar o potenciarlo como genero literario para todas las edades.

Zipi Zape de Ediciones B
Una portada de la revista "Zipi Zape" publicada por Ediciones B.
Después del fin de la editorial protagonista del artículo, los dibujantes y guionistas se dispersaron en varias editoriales, así pues podíamos encontrar a Manuel Vázquez en la revista "Garibolo" de "Compañía General de Ediciones" dirigida por Montserrat Vives, antigua directiva de Bruguera.

Pero sin duda, el proyecto más consistente fue "Guay!" de Ediciones Júnior (Grupo Editorial Grijalbo), publicación dirigida por Anna Ma. Palé, otra de las grandes figuras de Bruguera y que contó con la participación de Francisco Ibáñez, Josep Escobar, Segura y Raf, los cuales realizaron para esta publicación unos personajes parecidos a los que les habían dado fama. A pesar de contar con bastante material importado de la francesa Dargaud, sin duda fue la publicación más parecida a las antiguas de Bruguera, realizando incluso álbumes parecidos a "Colección Olé!".

Pero hablar de esta época de transición es también hablar sobre derechos de autor y de personajes injustamente arrebatados a sus creadores. Francisco Ibáñez, autor de "Mortadelo y Filemón" abandonó Bruguera antes de la quiebra, hecho que provocó que sus personajes estrella fuesen dibujados por un equipo de la casa y firmados bajo "Equipo Bruguera". Al comprar "Ediciones B" todo el fondo editorial de la antigua empresa, también compró los derechos de autor de "Mortadelo y Filemón", siendo dibujados estos por el mismo equipo creativo y firmado por "Equipo B". Así pues, es fácil imaginarse la indignación de Ibáñez al ver como se pasaban los unos a los otros los derechos de publicación de sus propios personajes sin él poder intervenir.

Coincidiendo con su etapa en "Guay!", Ibáñez logró, después de largos y penosos litigios la titularidad de sus personajes, provocando una curiosa "batalla", pues por una parte, Ediciones B publicaba la revista "Mortadelo" con comics de estos personajes dibujados por el equipo de la casa y por su parte Ibáñez publicó sus personajes en la revista "Yo y Yo" de Ediciones Júnior. Esto derivó en una absurda situación y sin precedentes de una misma serie dibujada por dos equipos diferentes y publicadas en editoriales distintas. Se trató de una batalla legal que en absoluto benefició a crear un clima propicio para el resurgimiento de una nueva historieta nacional. Finalmente, Ibáñez ingresó en "Ediciones B".

Mientras tanto, aparte del fenómeno manga, otro fenómeno saltó a la palestra con inusitado ímpetu: los fancines publicados con escasos medios pero que resultaban muy atractivos para el lector que deseaba conocer cómic de autor. Uno de sus principales problemas, la distribución casi subterránea.