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Los productos de la compañía Guisval, aunque mayoritariamente englobados dentro de la categoría de juguetes, sin duda alguna fueron grandes amigos en nuestra propia infancia y excelentes compañeros de juego que nos llenaron horas y horas de entretenimiento. Es imposible olvidar aquellas miniaturas que siempre llevábamos en el bolsillo, las cuales se ponían en acción durante el recreo escolar circulando por improvisadas carreteras hechas en el suelo o en la arena. Ríase usted de las obras públicas actuales, pues en solo cinco minutos éramos capaces de construir una auténtica autopista en el patio de la escuela e incluso excavar profundos túneles que inauguraría no un político sino ese modesto y sufrido Guisval. Sin olvidar claro está de los Guisval secuestrados por el maestro/maestra de turno cuando nos veía jugar con él durante las clases. Y porque no, un recuerdo muy especial a ese Guisval que desapareció a manos de un compañero amigo de lo ajeno, que también los había muy a pesar nuestro. Casi presentes en cualquier tienda donde se vendiesen juguetes o incluso en simples kioscos, las miniaturas de Guisval estaban presentes en todos lados y tenían un precio muy ajustado junto a una calidad francamente buena, o como mínimo más que suficiente para que la miniatura no cayese en acto de servicio de forma demasiado prematura. Además, gracias a estar realizadas en metal y elevado grado de detalle, estas miniaturas se situaban un escalón por encima de las reproducciones de la barcelonesa Eko, las cuales eran realizadas enteramente en material plástico y a una escala menor (1:87 frente a la 1:60 aproximada de los Guisval). A pesar de su calidad, lo cierto es que las de Guisval no eran las miniaturas más detalladas del mercado (para este modesto servidor, las que contaban con mayor grado de detalle eran las Mira, siendo precisamente esta empresa vecina de la protagonista de este artículo). Además, el uso masivo del plástico en bajos e incluso puertas a partir de la segunda mitad de los años ochenta hizo ensombrecer su buena calidad. No obstante y sin lugar a dudas, Guisval ya era por entonces y todavía hoy continua siéndolo, una gran fabricante de miniaturas que sobrevivió numerosas crisis que hicieron tambalear el sufrido sector juguetero. Historia de Guisval
Jóvenes y con ímpetu, hay que comentar que los fundadores de lo que posteriormente sería Guisval eran auténticos expertos en su oficio, pues no en vano uno de ellos, concretamente Ramón Valero García ganó durante su estancia en Paya Hermanos el título de mejor matricero y ajustador de Europa, algo que evidentemente no está al alcance de cualquiera. Inicialmente nuestra empresa protagonista se dedicaría a producir relojes, máquinas de escribir y una serie de panoplias de barcos y submarinos aunque al cabo de poco tiempo la empresa se regulariza con el nombre de Guillem, Serralta y Valero, S.L., con cuyas siglas GUISVAL serian conocidos a partir de entonces. Por cierto, antes de adentrarnos de pleno en las miniaturas, comentar que a mediados de la década de los sesenta esta recién nacida Guisval lanzó al mercado un reloj con decoraciones de la familia Telerin, famosa porque eran los personajes animados que indicaban a los más pequeños el fin de la programación infantil de TVE al son de la popular canción “Vamos a la cama…” Ya desde sus inicios, la nueva empresa se adentraría con fuerza en la fabricación de vehículos a escala fabricados con zamak, los cuales se comercializarían a unos precios muy económicos, enfocándolos principalmente hacia un tipo de cliente infantil. A Guisval tradicionalmente se la reconoce por sus miniaturas a escala 1:60, la misma que su gran rival francesa Majorette que aparecería en escena en los años ochenta, aunque también comentar que Guisval ha fabricado a escalas 1:43, 1:32 e incluso a inicios de los años setenta a escala 1:24, algunos modelos de ellos francamente interesantes como el Renault 12, el Seat 124 o el Mini, todos ellos con puertas y capós practicables además de contar con una profusión de detalles excelente. Desgraciadamente no tuvieron continuidad, algo que los aficionados a esta escala lamentan profundamente. Tampoco quisiéramos olvidarnos de otros de las grandes líneas de Guisval, las motocicletas a escala 1:22. Probablemente una de las mejores épocas de Guisval fue la que vivió durante los años setenta, con reproducciones que contaban con un detallado molde (siempre considerando su condición de juguete), una fina y efectiva pintura junto a unos bajos realizados en metal que confería a la miniatura una sensación de solidez bastante acusada. No apartándonos de esta década, agregar que 1978 sería un año importante para la empresa, pues Guisval se organizaría como Sociedad Anónima. En los años ochenta la empresa viviría otros de sus mejores momentos, pues durante esos años ganó varios premios distinguiendo la calidad en sus productos, siendo esta década un periodo de expansión en lo que hace referencia a modelos y series a las más diversas escalas. Al igual que muchas otras de sus compañeras y vecinas, Guisval también aprovechó el tirón de conocidas series de televisión para vender sus productos reproduciendo vehículos que aparecían en dichas series. Como raramente la marca de miniaturas disponía en su catálogo del modelo a adaptar, muchos de ellos americanos que aquí no se conocían en absoluto, con tal de abaratar costes lo habitual era tomar un modelo parecido como base y maquillarlo de tal manera que pudiera pasar por una reproducción del modelo televisivo. En este caso en concreto, la serie elegida para perpetrar tal chapuza fue "El equipo A", la cual emitía TVE con gran éxito los sábados por la tarde. La víctima, ni más ni menos que la preciosa Mercedes-Benz escala 1:60, la cual se le simplificó el molde al máximo, fusionando las puertas delanteras con la carrocería, eliminándose el interior, colocándose un ostentoso alerón rojo en la parte superior y apareciendo un nuevo frontal simulando barras de protección para los faros. Nos abstenemos a opinar sobre el engendro resultante, aunque no se parecía en nada a la impresionante furgoneta GMC de la serie. Pero no quisiéramos que el lector/a se llevase una mala impresión de la marca por una acción que la mayoría de marcas hacían en mayor o menor grado, pues la tentación de aprovechar la fama de una película o serie es sin duda demasiado evidente para desaprovecharla, y precisamente en unos momentos como entonces en que las jugueteras debían agarrarse incluso a un clavo ardiendo con tal de vender lo máximo posible. En el otro extremo, justo en esa misma época Guisval fabricaba la serie Replica y Replica Junior que representaban modelos clásicos anteriores a la Segunda Guerra Mundial a escalas 1:43 y 1:56. Ambas series estaban realizadas con gran esmero y podían encontrarse modelos como el Bugatti T-50 de 1930 con carrocería bicolor y un Hispano Suiza también de los años treinta No obstante, la tendencia era a simplificar los modelos al máximo y ya a principios de los ochenta, las miniaturas Guisval se les fueron eliminando detalles con unos moldes nuevos cada vez menos realistas. Aparte, como hemos comentado anteriormente, los bajos de la miniatura pasaron a realizarse con material plástico al igual que las puertas practicables, bajando considerablemente el coste de la miniatura aunque con ello también perdía algo del encanto respecto a las realizaciones de los años setenta. Otra de las víctimas de este recorte fue la suspensión, que desapareció por completo en los modelos más nuevos. El cenit de esta política de simplificación llegó a mediados de los años ochenta cuando Guisval lanzó toda una serie de miniaturas muy básicas con los cristales oscuros para disimular la ausencia de interiores. Cierto que su precio era muy económico (entre 100 y 110 pesetas) pero la calidad era muy pobre, provocando que muchas personas nos decantáramos por las miniaturas francesas Majorette que aunque sustancialmente más caras, también estaban mejor realizadas, con una profusión de detalles más elevado y una suspensión que en la mayoría de las ocasiones se nos antojaba casi de perfecta. Comentar además que hacia finales de los años ochenta Guisval todavía seguía aprovechando los moldes de los años setenta, pues en el catálogo de la época se pueden apreciar auténticos veteranos como el Seat Panda, Renault 18 o el incombustible Citroën 2CV. No obstante, debido a que las ruedas eran más gruesas y de diferente tipo de las de los años setenta, hay que decir que dichas miniaturas resultaban ciertamente grotescas debido al exagerado tamaño de las ruedas. Guisval en la actualidad
Según se comenta en su web, Guisval exporta a más de treinta y cinco países, vendiendo actualmente dos tercios de su producción en el mercado español, con el grueso de su exportación centrada en Europa, especialmente en países con mercados emergentes como Polonia o Eslovenia. Su fábrica tiene aproximadamente a cuarenta personas en plantilla y la compañía actualmente está actualmente gestionada por la hija de uno de los socios fundadores. En su catálogo actual pueden encontrarse miniaturas a escalas muy diversas, incluyendo la 1:87 y la 1:18 para motocicletas, poseyendo algunas licencias para sus productos, sobretodo de equipos y pilotos de Rallyes y GP de motociclismo además de otras como las de Mortadelo y Filemón.
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