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Aunque nació bajo otra denominación, la empresa que en un futuro se conocería por Guiloy hace su aparición en el año 1969 por iniciativa de cuatro socios fundadores, centrando sus actividades como empresa auxiliar de varios sectores, entre ellos el del juguete. Inicialmente esta primitiva empresa se dedicaría única y exclusivamente a crear matricería, fabricando más tarde sus propias piezas inyectadas en metal y plástico a partir de estos moldes. Observando los socios fundadores que la producción de juguetes podía ser una excelente salida para la marca, estas cuatro personas decidieron fabricar su propia línea de juguetes, primero a tiempo parcial para posteriormente dedicarse exclusivamente a esta actividad y creándose ya sí la marca Guiloy, S.A. en el año 1973. Ya desde sus inicios Guiloy apostó por la innovación y la calidad en sus productos, siendo esta una de las premisas fundamentales de la marca, la cual afortunadamente sería reconocida por sus clientes. Tanto es esta calidad que incluso durante tres años consecutivos (1995, 1996 y 1997) la empresa consiguió el premio "Miniatura del año" que anualmente otorga la Feria Internacional del Juguete de Nuremberg, uno de los eventos más importantes en el mundo del juguete, por no decir el más importante. Las primeras miniaturas de Guiloy fueron precisamente motocicletas, apareciendo inicialmente una pequeña gama de tres modelos a escala 1:24 en 1974. De forma paulatina la empresa fue aumentando su catálogo con más modelos además que diversificó escalas. En 1977 Guiloy da otro paso adelante e inicia la fabricación de camiones a escala, experiencia que le serviría para crear miniaturas de coches a diversas escalas a partir de 1984. Coincidiendo con este arranque en el mundo de las miniaturas de automóviles, en los años ochenta Guiloy realizó diversas líneas de miniaturas a una escala aproximada a 1:64, es decir, justamente la que competía directamente con los típicos Guisval (ubicada en la misma población) o con la francesa Majorette. Estas miniaturas estaban encaradas hacia un publico eminentemente infantil y que tengamos constancia, Guiloy como mínimo realizó dos series diferentes. La primera de estas series estaba realizada con una calidad bastante acertada y representaba coches más bien utilitarios. Aunque tenían los detalles justos, el molde era correcto e incluso tenia practicables las puertas delanteras. La segunda de estas líneas "basicas" estaba realizada a una escala mayor (y por tanto los modelos físicamente eran más pequeños), a decir verdad no eran nada del otro mundo, pues inicialmente se trataban de una miniaturas muy básicas con un mínimo de piezas diferentes y en las que no se accionaba ninguna de sus puertas o capos. A pasar de que el molde estaba bien realizado, en algunos modelos existían ciertas desproporciones como en el caso del Seat Ritmo que aparentemente era demasiado estilizado. Por otra parte, el sistema para sujetar las ruedas les permitía contar con una incipiente suspensión (o mejor dicho vasculación del modelo) nada acertada. Es por esta razón que a este segundo tipo de miniaturas pequeñas de Guiloy se les podría aplicar solamente el calificativo de suficientes, aunque eso si, el precio era de lo más competitivo y podían encontrarse habitualmente en kioscos y mercadillos. La marca también haría su incursión en las miniaturas a escala 1:43 realizando incluso modelos que aprovechaban las modas imperantes en esos momentos aunque para ello se tuviese que escoger modelos existentes. Un ejemplo claro de esto fue el "coche fantástico" de Guiloy que no era más que un Maserati Ghibli de los años setenta pintado de negro y con una pegatina en el frontal a modo y semejanza de los característicos leds del coche televisivo. Lo cierto es que aparentemente el modelo resultaba algo más creíble que el Indra de Pilen reciclado como coche fantástico... Pero tendremos que esperar hasta la década de los noventa para ver una Guiloy especializada exclusivamente en las dos líneas de productos que le darían merecida fama. La primera de ellas se centraría en el mundo de las motocicletas a escala 1:18, 1:10 y 1:6 y la segunda de estas líneas en automóviles tanto modernos como clásicos a escala 1:20, 1:24 y 1:18. Diametralmente opuesto a la calidad de las miniaturas pequeñas a escala 1:64 que fabricó en los ochenta, Guiloy imprime en estas dos nuevas líneas todo su buen hacer. Esperando no pecar en chauvinismo, comentar que las motocicletas Guiloy poseen una calidad bastante por delante de otras marcas mucho más potentes como por ejemplo Maisto, por citar una marca reconocida que también fabrica motocicletas a escala. Evidentemente es una opinión muy personal, pero que da cierta idea de la calidad de Guiloy, siendo probablemente (e injustamente) mucho más apreciada aquí si precisamente Guiloy fuera extranjera.
En cuanto a los coches a escala 1:18, 1:20 y 1:24, comentar que durante los años noventa Guiloy fabricó grandes miniaturas, algunas de ellas tan especiales como el Mercedes-Benz C-111 con motor rotativo de los años setenta y con la pintura naranja original o bien el Mc Laren F1 en diversas decoraciones, el cual se denominó Prototipo F1 por motivos de licencias. Por cierto, en referencia a las licencias, Guiloy también tuvo sus problemas con Ferrari, la cual obligó que la marca de miniaturas eliminase la denominación Ferrari en los modelos que existían por entonces en el catálogo, algunos de ellos tan básicos en el catalogo de una marca de miniaturas como el GTO de los años sesenta, Testarossa, F40 o incluso el prototipo Mythos, que afortunadamente paso a denominarse Pininfarina Mitos, pudiéndose así salvar de la quema. Además de marcas imprescindibles y reproducidas hasta la saciedad por todas las empresas de miniaturas (léase Ferrari, Porche o Mercedes), Guiloy se caracterizó por ofrecer en su catalogo a escala 1:20 y 1:24 modelos utilitarios que su presencia se agradecía bastante. Echando un vistazo en un catálogo de los años noventa, podemos observar por ejemplo un Opel Kadet GSI, un Ford Sierra XR4 de los años ochenta, un Renault 25 de primera generación el cual también aparece decorado como taxi de Barcelona e incluso un humilde pero resultón Peugeot 205 de cinco puertas. En la escala 1:18 Guiloy ofrecía modelos realmente espectaculares, como el Chrysler Atlantic de inicios del siglo XXI o clásicos como el BMW 327 de los años treinta, todos ellos fabricados francamente bien y con una decoración y pintura realmente bien cuidada. Probablemente Guiloy es todavía hoy una de las marcas de miniaturas más reconocidas a nivel internacional, pues una buena parte de su producción (entre el 30 y el 35%) se centró a suministrar mecados como el europeo, sobretodo Francia, Reino Unido y Alemania, realizando a su vez incursiones incursiones de forma más o menos regular al continente americano, australiana e incluso asiático. Según los últimos datos, Guiloy tenía una plantilla de aproximadamente treinta personas y se ubicaba en unas instalaciones de diez mil metros cuadrados.
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