|
Comente este relato
Mediante este apartado podrá enviar comentarios o correcciones hacia esta web sobre el relato publicado.
|
|
Réquiem por los árboles
Actualmente, un servidor que os escribe ya está curado de espantos y pocas cosas existen que lo hagan poner como una moto. No obstante, una de estas cosas que nunca dejará de sorprenderme negativamente es la tala de árboles vivos. Y sobretodo me hace enfadar todavía más cuando esto se podía haber evitado con un poco de ganas.
Me explicaré. Recientemente, pasando por una calle de mi localidad en la cual realizan obras de ampliación de acera, pude observar con indignación y sorpresa como habían cortado unos magníficos árboles que todo el mal que hacían era simplemente estar en ese lugar. Eran unos árboles muy bonitos, preciosos y por encima de todo enormes, que daban algo de vida en ese triste rincón. Pero claro, las obras son las obras y es mejor cortar de raíz cualquier cosa que moleste el paso que no modificar una letra del proyecto presupuestado y aprobado. Quieren hacer una acera ancha y sacar del medio todo lo que moleste. Menos mal que no tenia la bicicleta en ese lugar, pues sino, me la habría encontrado en el contenedor junto a los árboles. ¡Venga, que todos se aparten! ¡Niños fuera! ¡Todo limpio que vamos!
Se ve que dejar esos árboles y situar un par de bancos bajo ellos es un gasto enorme que el ayuntamiento, en plena expansión de cemente y fiebre constructora de pisos y casas no se puede permitir. Se ve que el regidor de urbanismo dijo que por el precio de dos bancos se podían construir seis pisos de protección oficial de 30m2.
Da autentica repugnancia ver como la tierra la sustituimos poco a poco por una capa impermeable de cemento, sin poder hacer nada por evitarlo. Da asco ver como los árboles van cayendo uno a uno asesinados bajo la acción de la motosierra. Si, habéis leído bien, la palabra exacta es asesinados, pues aunque no lo parezca, los árboles son seres vivos de los cuales dependemos no para hacernos muebles y mesas de comedor, sino para comer y respirar. Aquel tubo marrón con cosas verdes de le cuelgan es un ser vivo igual que nosotros, solo que no se mueve y por desgracia no se queja de forma que nosotros lo entendamos.
Hechos desgraciadamente habituales como estos me hacen reflexionar sobre que los humanos cada vez vivimos más de espaldas a la Naturaleza. Somos una especie abrasiva, que se aprovecha de todo lo que podemos y ensuciamos lo que nos da la gana. Raramente tenemos momentos de lucidez, y estos solo aparecen cuando nos vemos la tormenta encima.
Somos animales que caminando a cuatro patas, un día nos levantamos y nos creímos los reyes del mambo, pensando que a partir de entonces, todo aquello que veíamos era nuestro, sin que hubiésemos de compartirlo con los otros seres y sin procurar hacer el mínimo daño posible. Ensuciamos allí donde está limpio y dejándolo hecho una pena, vamos a otro lugar a ensuciar sin reparar el daño causado.
La contaminación del hombre, este hombre tan inteligente y tecnificado, está produciendo cambios en el clima global del planeta. La Naturaleza a veces nos avisa que se está cansando y cuando haya llegado al limite de su paciencia, recibiremos palos. Pero nosotros, confiados con nuestra limitada inteligencia y tecnología, creemos poder evitar su justa respuesta. Si un simple tsunami o tifón ya produce catástrofes con innumerables muertos y damnificados, ¿Qué pasara cuando la Naturaleza vaya contra nosotros y desencadene una serie de catástrofes naturales? Tenemos miedo a bombas atómicas, pero la Naturaleza tiene un poder destructivo muy superior.
Cuando veo agresiones a la Naturaleza como la vista hace poco con los árboles cortados, solo me queda el consuelo de que la Naturaleza volverá al lugar de donde la intentamos hacer fuera. Indudablemente, con el tiempo a su favor, volverá a ocupar el lugar donde ahora hay estas grandes ciudades tan bonitas, cristalinas y bien organizadas. Sin lugar a dudas, la Naturaleza jugará su última carta...
|