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Se encuentra en: Inicio > Miniaturas > Las miniaturas de Mira Las miniaturas de Mira
Todas estas marcas fabricaban miniaturas que reproducían coches actuales y que se podían comprar en casi cualquier tienda, desde kioscos de revistas hasta grandes superficies. Dadas sus características y sobretodo precio, se trataban más de juguetes que de modelos destinados a los coleccionistas, aunque sinceramente a nosotros nos daba igual, pues encontrar ese vehículo deportivo tan nuevo o bien el coche del padre de un amigo era una alegría tremenda que, a pesar de nuestro minúsculo presupuesto bien nos podíamos permitir en alguna que otra ocasión. Y precisamente a Mira está dedicado el presente artículo, pues esta fue una de las grandes fabricantes de miniaturas en España durante los años setenta, ochenta y noventa, con productos de buena calidad que no les tocaba otro remedio que hacerse sitio a codazos compitiendo contra grandes multinacionales como Majorette o Matchbox, las cuales desde el exterior empezaban a invadir el mercado nacional con sus productos, resultando sobretodo a sus inicios piezas exóticas aunque no siempre de mayor calidad que las realizadas aquí. Historia de la marca Mira
Uno de sus primeros productos, lejos de las reproducciones automovilísticas que posteriormente darían merecida fama a la compañía, fue una figura de acción similar a la Gijoe norteamericana y sus correspondientes complementos, avanzándose así incluso a Exin con su conocido Madelman. No se saben exactamente los motivos pero solo un año después de iniciarse las actividades, uno de los socios capitalistas (Guiloy) abandonó la sociedad, quedando la empresa propiedad de los dos socios anteriormente mencionados. A partir de ese momento la empresa se reconvertiría en un taller auxiliar de matricería, fabricación de hebillas y fornitura para la industria del calzado, siendo estos últimos productos realizados en metal y fundición de Zamak. No obstante, la empresa no abandonaría el juguete y en 1972 nuestros protagonistas se presentaron en la Feria de Juguetes de Valéncia con un proyecto bajo el brazo para fabricar un pequeño camión de juguete. Su esperanza era encontrar algún socio capitalista que sustituyera a Guiloy y afortunadamente lo encontraron en la figura del señor Carlos Payá, el cual aportó el capital necesario para comprar la maquinaria necesaria y tirar adelante con el proyecto. Para las personas amantes de los datos curiosos, comentar que esa fue la primera ocasión en que apareció la marca Mira, cuya denominación oficial no se formalizaría oficialmente hasta el año 1980. Por fortuna la suerte les sonrió y la firma japonesa Asahi Corporation les hizo su primer pedido importante, gracias al cual pudieron dedicarse de nuevo a la fabricación de juguetes en exclusiva a la vez que aumentaron la producción. Debido a este aumento también necesitaron unas instalaciones más capaces, trasladándose a unos locales mucho más grandes y adecuados para tal actividad. Durante esos años Mira ascendería de forma casi meteórica y en el año 1975 ya nos encontramos la marca produciendo camiones a diversas escalas como la 1:64, 1:43 y 1:18. A su vez de nuevo las instalaciones se les quedaron pequeñas y en esta ocasión construyeron unas de nuevas. Se tiene conocimiento que Mira fabricó miniaturas diversas, como por ejemplo pequeñas reproducciones de barcos, aunque serían las miniaturas de coches las que le darían merecida fama entre los chicos (y también chicas) que coleccionábamos coches durante los años setenta y ochenta. Refiriéndonos a la escala 1:55, las miniaturas de la marca alicantina tenían lo que se dice vulgarmente "muy buena pinta", pues los detalles estaban muy bien conseguidos y aunque a veces las proporciones fallaban, esto en absoluto era inconveniente para que un coche mira fuese apreciado por nuestra parte. Otra baza a favor de los Mira era sus moldes y la profusión de detalles en sus miniaturas, pues incluso los anagramas de los coches, a pesar de su pequeño tamaño, se podían leer perfectamente. Además, y por si esto fuera poco, los coches Mira eran significativamente más baratos que los Majorette. Sinceramente, para la persona que escribe este artículo, los Mira cumplían con las tres B: "Bueno, Bonito y Barato". En contrapartida, los aspectos negativos de los Mira era su débil capa de pintura, la cual se desprendía fácilmente (sobretodo si deseábamos sacar las vistosas pegatinas con las que venían decorados habitualmente los coches) y las ruedas, que aunque iban finas, tenían una suspensión bastante mala o simplemente carecían de ella. A pesar de esto, las ruedas de los Mira eran bastante más proporcionadas que las de otras marcas respecto al modelo reproducido. A finales de la década de los ochenta, Mira lanzó una gama de miniaturas a una escala aproximada a 1:55 que poco o directamente nada tenía que ver con sus preciosas reproducciones anteriores, pues se trataban de unos coches que carecían de interior, sin puertas operativas y realizados de forma muy sencilla. Si la memoria no juega una mala pasada a este humilde escritor, esos coches costaban entre noventa y cien pesetas la unidad (bastante menos de un euro actual), los cuales siempre he denominado con el sobrenombre de "baratijas", pues era muy habitual ver estos coches en mercadillos y carecían de cajas individuales, vendiéndose en blisters de porexpan. En resumen, se trataba de un tipo de miniatura extremadamente barata que competía también con algunos productos que Guisval también ofrecía en aquella época. La calidad de la miniatura era muy pobre, pues aunque la forma de los coches recordaba al modelo reproducido, su nivel de detalles era muy parco y a veces incorrecto. Por ejemplo el Seat Ibiza de primera generación ni tan solo tenía reproducidos los tiradores de las puertas y el frontal del Nissan Patrol era casi inventado según la inspiración del matricero de turno en aquel día. Pero aparte de los mercadillos y tiendas de juguetes, estas miniaturas tenían otro objetivo, que era el de ofrecerse a diversas empresas con el propósito de hacer merchandising, es decir, decorar el modelo con el logotipo de la empresa cliente y así esta los podía ofrecer como regalo junto a sus productos. En la imagen puede apreciarse tres de estos modelos decorados con este tipo de pegatinas "personalizadas" por parte de la propia Mira. Pero la historia de estas miniaturas económicas no termina aquí, pues en la actualidad todavía pueden verse estas miniaturas como complemento de diversos sets que representan gasolineras, parkings, etc... y que pueden adquirirse en comercios caracterizados por su material económico. ¿Se tratan un stock sobrante de la propia Mira o bien producidos por una empresa que adquirió los moldes? Sea como sea, es realmente curioso que se puedan adquirir nuevos y en cajas de otras marcas, la mayoría provinentes de Asia. Desde la etapa que va de principios de los noventa hasta el 2000, año en que Mira cerraría definitivamente las puertas, este servidor que escribe el artículo no tuvo demasiadas noticias de la empresa ni de sus productos, aunque lo cierto es que la marca se especializó en miniaturas de gran calidad a escalas 1:24 y 1:18, compitiendo con marcas como Bburago, Sólido e incluso contra la propia Guiloy, antigua socia de Mira a finales de los años sesenta. A mediados de los años noventa Mira incorporó reproducciones de vehículos clásicos americanos de los años cincuenta, lo cual le permitió vender muchas unidades en los Estados Unidos, pues hay que destacar que ni más ni menos que el 60% de su producción la destinaba a aquel país.
En general el trabajo de los técnicos de Mira fue muy bueno y el avance francamente espectacular, pues en esta etapa aparecieron las miniaturas Mira más bellas de toda su historia con un catalogo lleno de diversas furgonetas americanas de los cincuenta, como por ejemplo la Ford F-100 de 1956 o las furgonetas GMC en multitud de decoraciones.
Aunque por economía y con la intención de aprovechar moldes siempre se hacían variaciones sobre los mismos modelos, cosa que originó criticas por parte de revistas especializadas en miniaturas, Mira también produjo miniaturas del Ferrari F50 tanto en versión coupé como cabrio. Por cierto, esta reproducción apareció con colores rojo, amarillo, azul metalizado y verde oscuro, estos dos últimos dos colores realmente curiosos para un Ferrari como aquel. El nivel de acabados de estos Mira era excelente, sobretodo considerando que eran modelos Die-Cast. Las puertas cerraban con exactitud milimétrica, los moldes con un gran nivel de acabado y la pintura muy buena, aunque curiosamente continuaba con el problema de siempre, la capa demasiado fina que combinado a que para embalar las miniaturas sujetaban las puertas con cinta adhesiva, daba realmente pánico extraer los precintos. Sin duda una verdadera pena aunque esto no lograba empañar el buen trabajo desarrollado por Mira. El esfuerzo de la empresa por continuar en primera línea era considerable y habitualmente Mira estaba presente de forma habitual en las grandes ferias del miniaturismo y del juguete, como por ejemplo la cita anual de Nüremberg. Desafortunadamente Mira se vería languidecer hasta que en el año 2000 desapareció definitivamente, siendo sus moldes y matricería vendidos a la francesa Sólido. Además comentar el hecho de que Mira nunca fue una gran empresa ni multinacional como por ejemplo Majorette, pues en momentos de máximo esplendor no tuvo más de 25 empleados en plantilla, algo que sorprende sobretodo si consideramos que esta marca fue una de las más reconocidas en el país. Un triste final para una marca que nos acompañó durante muchas horas en la infancia y que, después de una etapa en los ochenta verdaderamente nefasta, realizó un esfuerzo considerable, creciendo a la par que los chicos y chicas nos convertíamos en auténticos coleccionistas, ofreciéndonos verdaderas joyas que ahora reposan en nuestras estanterías y son repetidamente protagonistas de numerosos halagos.
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