Ya en nuestro mercadillo  EXIN, su historia Xavier Arumí (Rosaspage)
Basado en el trabajo "Exin, fábrica de sueños" que Rosaspage.com viene publicando desde hace algunos años, el libro "Exin, su historia" aporta más y sorprendentes datos sobre dicha marca, con numerosas rectificaciones buscando la veracidad de la historia de Exin además de nuevas e interesantes aportaciones.
Este volumen forma parte de la colección "Biblioteca Rosaspage" y está encuadrado en la serie "Temas de hoy", especializada en textos e investigaciones realizadas por esta propia web.
Este tomo está publicado por Rosaspage.com, tiene 165 páginas, se encuentra editado en un práctico formato de 15x21 cm. en blanco y negro con las cubiertas a todo color.
Precio: 12 Euros
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Einstein, el saber se humanizó
Todos reconocemos Albert Einstein (1879-1955) como una de las mayores inteligencias en la historia de la humanidad. Su teoría de la relatividad fue aclamada, reconocida y aceptada por la gran mayoría de comunidad científica de su tiempo. No obstante, este frío cálculo y extraordinario conocimiento lo combinó con una extraordinaria personalidad. Que los lectores estén tranquilos, pues este artículo no está dedicado a la explicación de sus teorías, sino que está enfocado, como si de pinceladas se tratasen, en citar algunos detalles que transformaron este genio en un ser muy humano. Seguramente, tal y como se diría actualmente, fue la persona que mejor combinó un coeficiente intelectual elevado con una gran inteligencia emocional. El resultado fue una extraordinaria personalidad.
Einstein recibió lecciones de violín desde los seis hasta los catorce años, pero según decía el mismo, su conocimiento musical no evolucionó demasiado debido a que, para sus maestros, enseñar música no era más que un sistema para ganarse la vida, es decir, no lo hacían con el corazón. Cuando de verdad él evolucionó con este instrumento fue cuando descubrió Mozart, ya que con el esfuerzo para intentar imitar al extraordinario compositor, cada vez mejoraba más. Según el mismo dijo en más de una ocasión, el amor es mejor maestro que el sentido del deber.
Elsa, la segunda mujer de Eistein, fue una de las personas que más lo ayudó, a pesar de no participar en su tarea científica. Una vez ella le comentó que la gente hablaba mucho sobre el trabajo que él realizaba, pero cuando los periodistas le preguntaban sobre las teorías de su marido, ella no podía responder nada, pues desconocía casi por completo el tema. La respuesta de nuestro protagonista fue tan sencilla como sincera, pues le aconsejó que en caso de ser nuevamente interrogada con preguntas parecidas, respondiese que lo sabia casi todo, pero que debido a que era un secreto, no podía decir nada a nadie.
Durante un homenaje-conferencia a personas distinguidas celebrada en la Academia Nacional de Ciencias de Washington en la que el sabio asistía, ninguno de los oradores resultaba interesante para él publico congregado, reduciéndose los ponentes a hablar monótonamente. En cierto momento, Einstein se acercó a una persona que tenia a su lado murmurándole algo al oído. Inmediatamente esa persona se giró a la vez que se tapaba la boca para disimular una sonrisa. Una vez finalizada la conferencia, alguien preguntó a esta persona que le había dicho el científico, al que respondió: "Me dijo que acababa de concebir una nueva teoría sobre la eternidad."
En una ocasión, una revista de temática científica ofreció un premio de cinco mil dólares a la persona que mejor explicase la teoría de la relatividad en tan solo tres mil palabras. Cuando preguntaron al mismo Einstein sobre la idea de esta revista, afirmó que de las personas que conocía, él mismo era el único que no podría aspirar al premio, pues ni el mismo sabría como hacerlo.
Poco tiempo después de trasladarse a vivir en Princenton (Nueva Jersey), en el despacho del decano del Instituto de Estudios Avanzados sonó el teléfono. Al otro lado del hilo, alguien preguntaba dónde se encontraba la casa particular de Albert Einstein. Ante la negativa de la persona que cogió el teléfono a la hora de dar datos privados, la voz del otro lado del hilo, empezando con un tono de voz normal hasta terminar con casi un susurro insistió diciendo: "Por favor, no lo diga a nadie, pero yo soy el doctor Einsten. ¡Me dirigía a casa y he olvidado donde se encuentra! Sin lugar a dudas, esta es una de las mejores anécdotas de hemos podido conocer sobre él y que ayuda a afirmar la caricatura de sabio despistado que tanto recordamos de él.
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