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Selecciones del Readers Digest

Selecciones del Reader's Digest
Lote de 45 ejemplares


A la venta en nuestro mercadillo un excelente lote con 45 ejemplares de la conocida revista Selecciones del Reader's Digest, una de las publicaciones más recordadas y apreciadas desde hace muchos años.

El lote que presentamos en este anuncio comprende ejemplares publicados durante el periodo que va del mes de septiembre de 1981 hasta Marzo de 1985.

El estado de estos ejemplares es bueno aunque usado, sin páginas rotas ni separadas del lomo. Solamente están algo arrugadas mayoritariamente de las cubiertas, tal y como puede apreciarse en la fotografía que acompaña este anuncio.

Precio lote: 45 Euros
Precio ejemplar: 1 Euro
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Inolvidable Reader's Digest

Con cerca de 100 millones de lectores mensuales, 48 ediciones diferentes publicadas y traducida a 19 lenguas diferentes, la revista "Reader's Digest" es una de las iniciativas editoriales más exitosas en la historia de las publicaciones y como muchas veces ocurre, sus inicios fueron realmente humildes.

Los Wallace en la portada de "Time"

Los Wallace en la portada de

El 10 de diciembre de 1951 la revista "Time" dedicó la portada a Dewitt Wallace y su esposa Lila Bell Acheson. En su interior, un extenso artículo de ocho páginas relataba las claves del éxito del Reader's Digest.


La creación de esta revista la debemos a Dewitt Wallace, hijo menor de un doctor de Estados Unidos. Sin duda alguna, el caso que nos ocupa es de aquellas típicas historias en que una persona sin un capital inicial acomodado logra amasar una extraordinaria fortuna, aunque ciertamente la de Dewitt Wallace es una historia apasionante.

En verano de 1911, a la edad de 21 años, un joven estudiante universitario dedicó por entero sus vacaciones a vender puerta a puerta mapas de la región de Oregón y aunque en su primer día vendió doce mapas, tuvo que caminar ni más ni menos que 40 kilómetros. Se trataba de un trabajo duro que según su familia no correspondía a un universitario hijo de doctor de posición acomodada, aunque en este aspecto, Wallace afortunadamente siempre se comportó diferente a lo que su teórica clase social le exigía.

Durante este primer empleo nuestro protagonista se dedicó a charlar con vendedores veteranos y así pudo, poco a poco, captar sus estrategias a la hora de vender productos a clientes. Un oficio de vendedor que a Wallace cada vez le entusiasmaba. Durante ese periodo, no era raro observar al joven Wally leyendo hasta el amanecer tomando notas de los libros para así retener ideas útiles para progresar en su oficio.

A medida que ampliaba sus círculos de conocidos y hablaba con ellos, el joven Wally se dio cuenta de que siempre podía aprender algo de alguien independientemente de su grado académico o cultural, encontrando un común denominador en todas estas personas que era ni más ni menos satisfacer su sed de conocimiento, una curiosidad que el mismo era el primero en tener.

Así pues, para Wally el mundo de los negocios no era simplemente una forma de hacer dinero, sino que lo más importante era que gracias al dinero se podía aprender y adquirir unos conocimientos que hasta entonces, a pesar de sus estudios, él comprobó que no tenía. A pesar de que la venta de mapas no era gran cosa económicamente hablando, en las cartas que escribía a sus padres siempre hacia hincapié en que lo más importante era su aprendizaje, comparando su experiencia como vendedor con los estudios universitarios.

Finalizado este periodo volvió a estudiar su segundo año en la universidad y finalizado este curso abandonó definitivamente sus estudios para conseguir un empleo de oficinista en la editorial Webb Publishing Co. donde se encargó de las encuestas sobre los libros de texto de agricultura que publicaba la empresa.

Sin duda trabajar en una editorial era para él algo semejante a una bendición y continuaba empleando las noches para leer y anotar cuidadosamente los resúmenes de los libros y periódicos que caían en sus manos, hasta que un día se percató de que los propios apuntes que realizó podían ser una excelente base para una publicación que tratase sobre cómo hacer buenos negocios.

Así pues, comentó la idea a los dueños de la empresa aunque cometió un "pequeño" error que precisamente le costaría su empleo en la editorial, pues como ejemplo de su publicación y con el ánimo de mejorar la empresa, presentó una lista de los errores que su jefe inmediato había cometido el año anterior. Sin duda Wally fue demasiado ingenuo a la vez que sincero. Pero no todo en esta experiencia le fue negativo, pues como parte del finiquito, su jefe le otorgó un crédito de 700 dólares para trabajos de impresión por si algún día su ya exempleado quería lanzar su propia publicación.

Wally se puso a trabajar febrilmente y al cabo de pocos meses acabó de escribir un folleto de 128 páginas en que daba consejos sobre como obtener el máximo rendimiento de la agricultura, incluyendo además una lista descriptiva de los boletines más útiles publicados por los departamentos estatales y federales de agricultura. Ofreció y sobretodo convenció a bancos y tiendas de semillas para que le ayudaran a distribuir este folleto gratuitamente y en pocos meses vendió 100.000 ejemplares, con cuyos ingresos pagó el crédito que Webb la había ofrecido. No obtuvo beneficios pero Wally aprendió la forma de distribuir una publicación, experiencia que le seria vital en el futuro.

No obstante, con la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial Wallace se alistó aunque al cabo de pocos meses y herido fue retornado a su país. Ese periodo sirvió para que nuestro protagonista diera vueltas a una nueva publicación que ayudasen a las personas a culturizarse y estar informadas de todo lo que sucedía a su alrededor. En 1920 nuestro protagonista presentó a varias editoriales una muestra de su revista la cual contenía artículos condensados extraídos de otras publicaciones. Como acostumbra a pasar con casos similares, ninguna empresa a la que Wallace les presentó el proyecto lo aceptó.

Es así como no le quedó otro remedio que junto a su esposa Lila Bell Acheson publicar el primer número del Reader's Digest desde su propio hogar. Esto sucedió en 1922 y se imprimieron un total de 5.000 ejemplares que fueron vendidas a 1.500 subscriptores a un precio de 25 centavos de dólar. Hay que comentar que los subscriptores de este primer número habían financiado con su suscripción el primer número de la revista gracias al tesón y sobretodo dotes de vendedor de su director.

Durante esos primeros años el Reader's Digest fue un claro ejemplo de empresa tirada hacia delante gracias al trabajo directo de sus promotores más directos, pues a pesar de que Lila mantenía su anterior empleo, en las horas libres trabajaba lo que podía para la revista mientras su marido se desplazaba a la biblioteca de su localidad para leer revistas, libros y periódicos, resumirlos y volver a rescribir a mano lo verdaderamente importante de cada artículo publicado. Como un alquimista, Wally intentaba hallar la esencia de todo tema tratado. Así pues, y como siempre fue reconocido, los dos miembros del matrimonio por igual trabajaron duro para tirar adelante una revista que ya empezaba a prometer.

En 1922 se mudaron de casa y por 25 dólares mensuales alquilaron un apartamento con garaje donde trabajaban para la una Reader's Digest que a finales de año ya contaba con 7.000 subscriptores. Al cabo de poco tiempo, el apartamento se hizo pequeño y necesitaban más espacio para trabajar, así que por 10 dólares más al mes alquilaron la caballeriza adyacente al su apartamento e instalaron máquinas de escribir, copiadoras, etc... contratando ayudantes a sus propios vecinos.

Pero uno de los grandes secretos del éxito del Reader's Digest eran las cartas y correspondencia que el mismo Wally enviaba ya sea para hacer nuevos subscriptores como a sus lectores. De esta forma, era el propio director de la revista quien se dirigía al lector ya sea mediante correspondencia privada como a través de artículos de la revista, algo completamente distinto al típico director de periódico que para sus lectores parecía casi inalcanzable o a un escritor famoso que se le habían subido los humos a la cabeza.

La revista prosperó y ya en 1935 se alcanzó el millón de ejemplares vendidos mensualmente. En 1938 se publicó la primera edición internacional en el Reino Unido y durante la Segunda Guerra Mundial se publicó por primera vez en Argentina con un idioma diferente al Ingles, recibiendo su edición en español el nombre de "Selecciones del Reader's Digest". Finalizado el último gran conflicto bélico mundial, la revista se extendió a lo largo y ancho del planeta, editándose en Europa, Oceanía y Asia.

Wally falleció el 30 de marzo de 1981 a la edad de 91 años y su esposa Lila solo vivió tres años más, desapareciendo cuando ella tenia 94 años de edad. Aunque no dejaron herederos, la revista continuó adelante como empresa pública a principios de la década de los noventa.




Comentarios sobre este artículo

Viviana Ramirez: Es algo impresionante lo que puede hacer la perseverancia.cualidad que wallace supo aprovechar muy bien.soy admiradora de la revista desde que era una niña y mi padre la coleccionaba.hoy tengo 56 años y mi padre ya esta en otro plano, pero continúo deleitandome con esta revista todos los meses.gracias a dios a pesar de haber desaparecido wallace y su esposa lila, la revista continuó.felicitaciones y ojala nunca dejemos de disfrutarla.