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Recordando a Josep Coll

Retrato de Josep Coll con revistas TBO en las manosEspero que la persona que lee este texto me perdone la pedantería de empezar un artículo con una opinión personal, aunque francamente la considero justificada con tal de situar la figura de Josep Coll y la obra que nos legó ante las personas que todavía no lo conocen.

Cuando nos preguntan por dibujantes famosos de comics, muy probablemente los nombres que primero nos vienen a la cabeza son Charles Schulz (Carlitos), Quino (Mafalda), Hergé (Tintín), Uderzo quien junto a su compañero Goscinny creó Astérix o Akira Toriyama a quien debemos la saga Dragon Ball.

Para el aficionado hispano, a estos nombres internacionales muy probablemente se le añadirán Francisco Ibáñez con su Mortadelo y Filemón e incluso con un poco de suerte también se recordará a Josep Escobar (padre de Zipi y Zape). Sin duda alguna, todos estos son grandes nombres dentro del panorama historietístico mundial, con una carrera profesional impresionante y multitud de reconocimientos por parte de afición y crítica.

Pero además de estos nombres que parecen habitar el particular olimpo de los dioses comiqueros, hay una vasta multitud de nombres no tan conocidos a pesar de haber sido claves en la historia del comic y que hicieron méritos más que suficientes como para pasar a la galería de personajes ilustres. Son dibujantes no tan recordados a los cuales el destino parece que se haya empeñado en hacerles la injusta jugarreta de otorgarles el anonimato, ya sea cuando todavía estaban en vida como ahora que desgraciadamente solo son un recuerdo.

Uno de estos últimos casos es el de Josep Coll, autor de mil y una historietas que aparecieron editadas en la conocida publicación “TBO” junto a otros genios como Benejam (La familia Ulises) y Sabatés (Los inventos del TBO). Dibujante de historietas por devoción más que por oficio, querido y seguido por varias generaciones, gozó durante sus años de esplendor de mucha aceptación no solo de los lectores jóvenes, sino también de los adultos. Pasada esta época, fue olvidado y lo que es peor, casi nunca reconocido por una generación de nuevos historietistas y crítica que lo acusaron de un humor excesivamente blanco e infantil además de ser solo una triste gloria de un pasado del cual se empeñaban en pasar página.

Cuando todavía nos podía haber aportado mucho de su talento, Josep Coll se nos fue de este mundo por la puerta trasera, dando un portazo a la existencia aunque sin concretar demasiado los motivos que le condujeron a suicidarse. Sus personajes era muy listos, lo suficiente como para ingeniarse mil y una soluciones aunque también eran totalmente inocentes y cándidos, con una gran capacidad para sorprenderse fácilmente, reflexionando al final de la historieta sobre lo sucedido y porque aquello con que confiaron les había salido mal. Posiblemente estas características fuesen un reflejo del verdadero carácter de Josep Coll.



La figura de Josep Coll

Nacido en la Barcelona del año 1924, Josep Coll fue hijo de una familia media que se dedicaba al negocio de la construcción.

La requisa de los bienes de su familia durante la Guerra Civil Española obligó a nuestro protagonista a trabajar en una cantera cuando solo contaba con doce años. Este inicio tan temprano en la vida laboral no era algo tan extraño en aquellas épocas, pues habitualmente las personas empezaban como simple aprendices, iniciando muchas veces un durísimo aprendizaje del oficio que podía incluso durar años a la vez que percibían una miseria de sueldo. Para justificar tan mísero sueldo, las empresas o fábricas argumentaban que para ellos, el o la aprendiz era una fuente de gastos durante esos años, además que ya hacían bastante permitiéndoles aprender el oficio, siendo así según su criterio una acción justa desquitar parte del ya exiguo sueldo que cobraba un obrero normal.

Gracias a su trabajo y sobretodo a sus ganas de superación, Josep Coll compaginó su oficio con los estudios, pues realizaría tres cursos de mecánica, artes y oficios más uno de delineante en la Escuela Industrial de Barcelona. No obstante, Josep era por encima de todo gran aficionado a la historieta que una vez finalizado su servicio militar, se animó a presentar algunos dibujos en varias editoriales, las cuales aceptaron gustosamente su propuesta ya que el estilo presentado agradó mucho a los editores.

De está forma en 1948 inició su vida como dibujante publicando en revistas como “Mundo Infantil”, “PBT”, “KKO”, “Pocholo”, “Nicolás”, “Timoteo” y “La Risa”. Unos meses después, ya en 1949 entraría a dibujar de forma habitual para la revista TBO, publicación que le daría el reconocimiento de miles y miles de personas y varias generaciones de lectores.

Admirador de Benejam y sobretodo amigo suyo, fue precisamente este quien le aconsejó realizar sus característicos personajes tan estilizados, los cuales le proporcionaron un estilo muy particular y único. Fue también más o menos en esa época cuando dejó su trabajo en el mundo de la construcción para dedicarse al dibujo de forma profesional y durante algunos años su trabajo fue reconocido tanto por parte de los lectores como de la propia editorial, la cual hizo de él una de sus puntas de lanza.

No obstante, en 1964 y debido a que su trabajo como historietista no estaba en absoluto bien remunerado, pues se dio cuenta que incluso un simple albañil ganaba mucho más dinero que él, decidió volver de nuevo a su antiguo oficio. A propósito, comentar que antes de tomar esta decisión había probado suerte publicando para el mercado extranjero, aunque sus obras no interesaron a ningún editor Europeo ni Americano.

Totalmente alejado de su faceta artística, según cuentan Coll se ganaba correctamente la vida con la construcción aunque de nuevo se dejó seducir por las musas y en el año 1981 volvió a publicar nuevo material y colaborando regularmente en “Primeras noticias”, “Balalaika” y “El Cairo”.

Pero lo cierto es que el panorama de las historietas había cambiado bastante durante su ausencia y tanto Coll como otros de sus compañeros fueron calificados como dibujantes infantiles, un estilo que las editoriales deseaban desvincular del cómic que en aquella época publicaban. Se buscaba un cómic mucho más sofisticado y lejos de la simpleza de la carcajada final, lo que todas las editoriales anhelaban era mostrar temáticas comprometidas y que hiciesen reflexionar al lector o lectora.

De esta forma Coll no tuvo demasiadas editoriales interesadas en él y lo que es peor, se vio completamente desplazado sin un reconocimiento justo a su trabajo anterior, cayendo poco a poco en una fuerte depresión de la cual nunca más se recuperaría. También es justo recordar que no todo fue indiferencia ante el retorno de Coll, pues incluso en el año 1984 se publicó una antología titulada “De Coll a Coll”, la cual sirvió para que se le hiciesen varios homenajes en reconocimiento de su carrera y empezando a ser aceptado por la crítica.

Pero este reconocimiento llegó demasiado tarde, ya que un triste día de julio de 1984 nuestro protagonista falleció de forma prematura cuando solo contaba con 61 años de edad, víctima de una fuerte depresión.



Dibujo y técnica de Coll

Contraportada del album Ole dedicado a CollEl estilo de Coll era francamente particular, tanto que pocos autores se le podían comparar con un dibujo tan simpático y amable como el suyo. De hecho incluso algunos teólogos del cómic han querido englobar a Coll dentro de la línea clara europea, algo que no deja de tener su gracia y dando a entender que antes de escribir artículos sobre comics, estos críticos deberían leer un poco más de comics y comprender las historietas.

Su estilo de dibujo era por encima de todo dinámico y detallado en su justa medida, procurando que la observación de los detalles no ralentizara el tempo justo de la historieta. Coll resolvía muy bien las secuencias, pues cuando por ejemplo hacía caminar un personaje desde un punto a otro, cuando otro dibujante dibujaba tal secuencia en dos viñetas, Coll lo realizaba en más. Las miradas de un lado a otro de la carretera a la hora de cruzarla, el leer un personaje dos veces un cartel eran detalles que creaban el espacio de tiempo suficiente para crear expectación por parte del lector, finalizando tal suspense en una sincera carcajada al final de la historieta.

Los protagonistas de sus historietas eran personajes basados en estereotipos, como por ejemplo náufragos con balsa e isla incluida, conductores, motoristas, caníbales junto a su enorme olla y un sinfín de caracteres fácilmente identificables a primera vista. Estos, en una acción muchas veces muda, se encontraban con algún problema que pretendían salvar aunque en la gran mayoría de las ocasiones, el desenlace resultaba sorprendente o indeseado para el protagonista. Otra particularidad de Coll es que la historieta no finalizaba cuando sucedía la desgracia o el desenlace final, sino que terminaba con el personaje alejándose de “la escena del crimen” preguntándose sobre como había sucedido tal o cual cosa.

Dignos de mención eran los diminutos automóviles con los que se desplazaban los personajes de Coll. En una época en que las empresas cada vez fabricaban los coches más pequeños, como por ejemplo el Biscuter o el mismo seiscientos de Seat, Coll observaba esta evolución con cierta ironía, dibujando unos coches que más bien parecían cajas de zapatos por su tamaño que no turismos. Además, estos aparatos tenían una extraña característica, pues eran como una extensión del propio conductor, ya que se doblaban hacia delante cuando frenaban o saltaban alegremente compartiendo emoción con su conductor por un día radiante.



Consideración personal

Derivado de su trágica muerte, quedaron huérfanos centenares de personajes que el autor había dibujado durante su vida, pero además, tal perdida fue una auténtica catástrofe para el panorama historietístico nacional, pues privó de conocer un retorno que podía haber dado mucho de sí. Aparte, de este hecho se inició una profunda reflexión sobre el escaso reconocimiento que se tenía hacia una generación de dibujantes que iluminó con colores y alegría una etapa tan oscura como fue la dictadura totalitaria de Franco.

No fue el último dibujante en acabar de forma más o menos triste su existencia, pues recordemos que Sabatés, uno de los compañeros de Coll en TBO, tuvo que venderse toda su obra para pasar sus últimos años de vida y aunque él mismo pudo apreciar como se le reconoció con algo de afecto su trayectoria, realmente se marchó sin todo el cariño que se merecía.

Fue una generación de trabajadores natos que durante toda su vida casi nunca tuvieron las cosas a favor. Sufriendo de muy jóvenes una cruel guerra civil y pasando por la precariedad de la posguerra, Coll y sus coetáneos fueron fieles a su trabajo, el cual habitualmente lo hacían tan inocentemente que ni se preocupaban por cuestiones como derechos de autor o el destino final de los originales, ofreciendo además a los lectores una obra muy coherente.

Se hace difícil para una persona nacida a partir de 1975 la situación que estos dibujantes tuvieron que atravesar, tanto durante el inicio de sus carreras, el material precario para desarrollar su trabajo o la escasa consideración que recibieron durante los años de transición, tachándolos de conformistas, poco imaginativos y apenas comprometidos.

Por fortuna cada vez más la obra de Coll se va apreciando tal y como se merece, rindiéndole de vez en cuando algún homenaje en forma de exposición e incluso creándose concursos de comic con su nombre. Sin duda le hubiera gustado todo esto, aunque se estaría preguntando si sus muñecos, aquellos larguiruchos personajes dibujados por un humilde albañil, se merecían todo esto. Sin duda señor Josep, dondequiera que ahora se encuentre, la respuesta a tal pregunta es un sí rotundo.



Comentario de Juan Coll (hermano de Josep Coll)

Poco nos podíamos imaginar al finalizar la redacción de este artículo que un familiar muy cercano a Josep Coll (su hermano Juan), leería el texto insertado en la web, escribiendonos un e-mail ampliando el texto con vivencias personales, anécdotas y consideraciones muy oportunas referentes a este dibujante.

A continuación, con permiso previo de esta persona, transcribimos los distintos textos que nos hizo llegar acerca de Josep "Pepi" Coll.

Tal y como podrá observar el lector/a, en ellos se profundiza todavía más en la personalidad del añorado dibujante y también acerca de su afición al dibujo que cultivaba ya de bien pequeño.

Gracias por su detallado artículo. Siento que no haya conocido la arrolladora personalidad de mi hermano Pepi "el albañil"

Nuestra familia, de clase media acomodada fue arruinada por la Guerra Civil, sus bienes requisados - caballos, camiones, maquinaria de construcción, facturación etc. - entonces yo tenía 7 años, Pepi 11. Ausente nuestro padre, (patronal) trabajó de listero en una de sus propias canteras. por consideración de los trabajadores . Precisamente allí, por su admiración al TBO, aprovechando impresos y albaranes dibujaba unas extraordinarias tiras verticales de 4 ó 6 viñetas que regalaba a la gente; era popular de niño. Pagaría un millón por poseer una de estas tiras.

La arrolladora personalidad de Pepi se refleja en sus dibujos, mezcla de humor amargo y personal originalidad. Permítame que le cuente una anécdota :

Vivíamos en el Paseo de San Juan/Provenza y en un bar cercano, estaba El CLUB OLIMPIC, yo jugaba al ajedrez y al fútbol. Al fallecer nuestra madre mi hermano estaba muy deprimido y afectado. Conseguí llevarlo al Club -Aquí os presento a mi hermano-, dije. A los pocos días el hermano de Coll era yo.

Le ruego que no se moleste conmigo. En ninguna de las entrevistas a mi hermano han sabido salir de superficialidad de su vida y detalles macabros.



Poco después y en respuesta a nuestra petición de permiso para publicar el contenido de su e-mail, Juan nos hizo llegar de nuevo otro comunicado, el cual resulta igual de interesante que el anterior y que transcribimos a continuación:

(…) Su juventud estuvo marcada por la Guerra Civil y la terrible hambruna de la post guerra, y el renacer de la familia con el regreso de nuestro padre huido.

Su desenlace: queda dicho que era extraordinariamente popular por donde pisaba, abierto, campechano, elegante en el vestir y desbordante del peculiar humor exagerado, que tan bien plasmaba en sus viñetas.

Cuando le cerraron todas las puertas coincidió con el despertar de los medios; entrevistas, halagos y mas entrevistas. Esta no era "su" popularidad, pues no le permitía alimentar a su familia. En grosso modo, fue destruido por quienes le encumbraban (…)



Finaliza su interesantísimo testimonio con el dato de que su hermano era zurdo (característica que personalmente comparto con él), agregando que su vida esconde una hermosa biografía.

Además, añade que el Premio anual de Dibujantes y Diseñadores de Catalunya lleva precisamente el nombre de Josep Coll como sentido homenaje al artista.



Así pues, como ha podido observarse, se trata de un magnífico testimonio muy cercano acerca de Josep Coll algunas de las muchas anécdotas de su hermano, a la vez que confirma el carácter jovial y sociable que mucha documentación le atribuye. El detalle acerca de sus inicios duros y el dibujar ya de bien pequeño tiras en los papeles de las facturas sin duda alguna son muy significativas para comprender que sentía Coll respecto al dibujo del cómic.

También es particularmente cruda la consideración acerca de la popularidad que tuvo hacia el final de su vida, sobretodo si consideramos que tal renacimiento de su obra no se transformó en trabajos ni proyectos que le hubieran servido para alimentar su propia familia.

Ciertamente, este último, es un dato a tener en cuenta el cual merece una profunda y sincera reflexión de los aficionados a la obra de cualquier artista.

Y como no, agradecemos la sincera a la vez que emotiva aportación del señor Juan, agradeciéndole el hecho de compartir con todos nosotros/as aspectos del carácter de Josep Coll.

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Comentarios realizadosComentarios recibidos


Luís Lago: Ingenio, genio, ídolo de mi infancia. Maestro del TBO. Inolvidable.

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Carlos: Millones de gracias señor Coll allí donde esté. Jamás olvidaré a sus náufragos. Ni las expresiones de sus personajes. Sus viñetas eran el referente para un niño como yo en los ´60. Genio.


Luís Gómez: Yo también leí muchos tebeos cuando era pequeño y, sobre todos, destacaba Coll. Imposible olvidarlo. Ahora veo a Max, en Babelia del País, que lo hace igual.


Antoni González Moreno-Navarro: Felicidades por este trabajo tan bien hecho (como dijo Machado, "El hacer las cosas bien importa más que el hacerlas").

Gracias a él, en la próxima visita guiada al paseo de Sant Joan (domingo 1 de marzo de 2015), dedicada a "Personatges i persones del Passeig" podremos dar una noticia de Josep Coll (Provença, 378-380 "la casa dels comunistes", está a pocos metros del paseo), algo más amplia que otras veces gracias. En "Un Passeig de Barcelona. Sant Joan de Dat. Història, gent i arquitectura, volum III, pàg. 69" sólo pude citar que Coll era cliente del bar Quiroga, Provença, 360, y que vivía en la casa 378.

Me alegra que, gracias a tu trabajo, pueda añadir un granito de arena en la tarea de superar el "sangrante olvido" al que hace referencia Cristián S.


Luís Casas: Me ha encantado ese artículo sobre Coll y encontrarme en este rincón de internet tantos aficionados/as a aquellos inolvidables dibujos. Crecí con la lectura de los TBOs y desde luego me quedo con los dibujos de Coll y aquel retrato de familia de posguerra que hacía Benejam con tanto acierto. De Coll me encantaba la línea clara, esas escenas repetidas, como en un teatro y vivas a la vez que hacían cosquillas a nuestra imaginación. Conservo muchos TBO algunos incluso de la década de los 50 y me encanta, de vez en cuando, dejar pasar las hojas y recrear los recuerdos de entonces.


Manuel Rodríguez Rodríguez: Es una gran pena que no se haya dado el trato merecido y sobradamente demostrado en sus dibujos, en otro país tendría un museo y seria objeto de estudio. Gracias por habernos dado tanta ilusión.


José Cordero: Gracias, Coll, por haber iluminado mi cara de niño con una sonrisa cada vez que miraba tus tiras.


Josep Carretero: Magnifico el reconocimiento para el Sr. Coll lastimosamente tardio. Seguro que sera feliz donde quiera que esté por la labor de todos en reconocer su obra. Vencer mi inexperiencia en los temas de comunicacion social actuales me ha permitido indagar y encontrarme con esta sorpresa. Yo fui uno de los admiradores del estilo de este gran dibujante y presentador de situaciones. Sin dialogos, muy al estilo que en peliculas presentaba Charlot, sus dibujos, tiernos ademas, nos ofrecian una capacidad de expresion del personaje y al mismo tiempo un absoluto desconcierto con sorpresa final para el mismo y para el afortunado que visionaba la historia. Han pasado mas de 50 años y aun tengo frescas en la memoria algunas situaciones geniales resueltas con sencillez, tal como desprende la personalidad de este hombre. Lamento su final y la injusticia con la que se les maltrató, a el y a tantos otros que de una hermosa manera nos hicieron sonreir, pensar y olvidar situaciones de aquellos años. Un calido recuerdo para el y todos los demas compañerpos de profesion Me gustaria informarme acerca de actos de reconocimiento y posibilidad de visitar lugares donde se ofrezca su obra. Mi agradecimiento por las sensaciones que me han proporcionado. Un abrazo y muy buenas fiestas.


Manuel Cáceres: Tengo 59 años. Siempre me gustó el dibujo. Siempre decía que me gustaría parecerme a Coll. Era y es mi preferido. No ha habido ni creo que lo habrá, otro como él.

¡¡IRREPETIBLE!!

Sus trazos, el movimiento que les imprimía a los personajes, su síntesis, su limpieza y asepsia dibujando, las expresiones de sus personajes,... ¡Que bárbaro! ¡Increíble! ¡Genial!

Desde Badajoz, gracias amigo Coll, muchas gracias.


Núria Térmens: Me saltan las lagrimas al recordar a mi tio,no como el gran artista que era, sino como una gran persona.Un abrazo y un beso a todas aquellas personas que pasaron buenos ratos con las historietas de Josep Coll Coll.


Juan Serrano: Enhorabuena por el reportaje. Los dibujantes de TBO eran figuras irrepetibles. Lástima del poco reconocimiento que han recibido. Ayer compré cuatro dibujos originales: uno de Coll y tres de Tínez. Poseo varios. Una parte de mi vida la he dedicado al coleccionismo: Capitán Trueno, Jabato, TBO. Guerrero del Antifaz, etc. Conozco al Sr. Giralt. Gran aficionado e historiador. Excelente persona.


David Peris: Excelent

Enhorabona per deixar me reviure els anys de "quan era petit" i el meu pare portaba el TBO a casa cada dimecres.

De nou, agrait


Jordi Colomer: bonito artículo sobre el gran maestro Coll.

para los que como yo nacimos en los 60, y leiamos el tbo, pocos dibujantes tan grandes, tan irónicos, tan finos, con tal dominio de la secuencia. En otro país Coll hubiera encontrado guionistas y hubiera publicado álbumes enteros...Particularmente debo a Coll parte de mi educación visual, y grandes momentos de placer...


Lluís Giralt: Repasando esta extraordinaria biografía, hay un párrafo en el que dice que Josep Coll era zurdo. Me extrañó. Las veces que nos vimos y dedicó autógrafos y dibujos a mucha gente en mi presencia. Nunca me di cuenta de ello. Además un zurdo cuando dibuja se nota.Su hermano Juan, al que conocí en la primera exposición dedicado a Coll en el año 1999, tiene parte de razón en lo que su hermano era zurdo.He consultado a la viuda del dibujante y me ha confirmado que no lo era. Dibujaba con la mano derecha al igual que las funciones más importantes, pero tenía una gran habilidad con la izquierda difícil en otras personas.Por ejemplo jugando al fútbol chutaba con la pierna izquierda y en su oficio de albañil le era una ayuda la facilidad que tenía en su mano izquierda.Pero no era zurdo

Os felicito. Yo conocí personalmente a Josep Coll. Además,hoy, amigo de la familia. He realizado más de 40 exposiciones de sus dibujos originales por todo Catalunya. Hoy, 15 de diciembre de 2009 estamos presentando una de 33 originales de Coll en Sabadell. Un gran éxito. De los jóvenes que lo descubre y de los que peinamos canas. También publiqué un libro, que está agotadísimo. Un saludo a todos. Seguid así que no podemos dejar en el olvido a un artista como Coll.


Juan Luis Gonzalez: Tengo ya muchos años pero este reportaje me ha recordado mis lecturas infantiles del TBO y sobre todo mi incondicional devoción a Coll y sus maravillosos y exclusivos dibujos y situaciones (que no dialogos).


Angel M.R.: Nací en 1949.Fuí un niño de los años 50 y los recuerdos de mi infancia son la goma de borrar "milán" los lápices de colores "alpino" y las historietas de Coll.Desde mi edad actual -60 años- lo recuerdo con cariño y cuando me marche espero encontrarme con sus personajes.-


Juan Luis Gonzalez: Tengo ya muchos años pero este reportaje me ha recordado mis lecturas infantiles del TBO y sobre todo mi incondicional devoción a Coll y sus maravillosos y exclusivos dibujos y situaciones (que no dialogos).


Tornasol: Gracias por este completa e interesante artículo. Sólo quisiera apuntar,sobre el regreso de Coll, que en la revista Cairo se le recibió con los honores del gran maestro que era. Su primera aportación para la revista, en el nº24, iba acompañada de un emotivo editorial de Joan Navarro en el que lo comparaba con el mismo Hergé.Ya desde el nº 1 de la revista, se despertaba en los lectores el interés por Coll, con la entrevista que se publicó, realizada por Antonio Martín. Por último, tras su muerte se publicó el resto del material que había dejado acabado, junto con el artículo de homenaje "pinceladas de Coll", de Victoria Bermejo y Ana Rey.


Carles Spada: He leido la biografia de Josep Coll i me gustaria aportar mi vivencia de infancia yo vivia en la misma finca en c. Provenza 378 en el 5º piso ellos creo recordar que en el 3ºy en la misma puerta la 1ª fui amigo de su hermana Lali la cual murio de muy pequeña y fui un admirador de el y de la revista TBO quisiera aportar una anecdota una noche de madrugada unos vecinos del 6º piso quedaron atrapados en el ascensor venian de una fiesta un poquito alegres y eran del peso pesado total que a las 3 de la madrugada vinieron los bomberos a rescatarlos todo una historia que al cabo de unas semanas se vio plasmado en el TBO. sirve esto como una pequeña anecdota de la gran persona que fue


Manel Volart: Muy buen artículo. Me ha producido dos sentimientos similares y distintos a la vez: la nostalgia de los maravillosos momentos que pasé con las historietas de Coll; y la tristeza por saber que haber contribuído a tanta felicidad social fue pagado de manera muy miserable. Realmente es para deprimirse. Espero que el admirado Josep Coll siga ideando nuevas maravillosas historietas desde el cielo que cuando me toque ir a mi, seguro que iré a su encuentro.


Sonia Gómez: Hace ya algunos años tuve el placer de leer varias historietas de Coll. La revista no era mía, pero no pude olvidar el estilo ni el nombre de este autor, que me encantó, pero no he vuelto a encontrar más que tiras sueltas suyas. Buscaré la antología. Es muy triste la situación de los autores de cómic en España y que desprecien su trabajo sin conocerlo.


Xavier Calderer: Espléndido artículo sobre Coll Gracias.

Con su permiso hemos agregado la dirección de esta web a la nueva página de fans que he creado en Facebook.


Rosaspage.com: Pues nada amable lector, le agradecemos muy sinceramente su opinión acerca de este artículo dedicado al señor Josep Coll y evidentemente nos sentimos muy orgullosos de que este texto merezca estar entre sus enlaces favoritos.

Así pues, tiene nuestro permiso para agregarnos y así aparecer aunque sea modestamente en esta gran comunidad de personas que es Facebook.

Por cierto, a pesar de ser personaje de comics y vivir en el universo paralelo de la ficción, nuestra traviesa Rosa ya se ha metido tambien en Facebook. Búsquenla, búsquenla...


Antonio Bravo: Sencillamente magnífico, a la vez de documentado y emocionante para los niños de TBO. Seguiré escribiendo más adelante.


Manuel: siempre admiré a Coll, considero que ha sido uno de los mejores dibujantes de comics que ha existido.

Un fuerte abrazo a todos los que como yo hemos disfrutado de sus historietas y sobre todo de su estilo único, de tiralineas, de rectas y curvas estilizadas.


Anna Coll: Me enorgullece que tantas personas al reconcoer mi apellido me hablen emocionados del recuerdo que la obra de Josep Coll, el hermano mayor de mi padre, ha dejado en ellos. Gracias a todos.


José Romero Rodríguez: Tengo dos monografías no muy extensas de su obra que guardo con muchísimo cariño pues para mí era genial, junto con el también malogrado Cifré a los dos los admiré ( y sigo admirando ) mucho. Que Dios los tenga en su gloria y un abrazo a sus familias respectivas.


Benito Moral: Cuando era pequeño, allá por los 70", en la casa de veraneo de mi familia se hallaba toda la colección de TBO de mi padre, y gracias a el aprendí a leer. Pero también era selectivo, y siempre buscaba la viñeta de Coll...de pequeño, de adolescente, y ya de adulto, sigo de cuando en cuando deleitándome con sus historietas gracias a la colección que pude guardar...como detalle del impacto de Coll en mi vida, cuando me emancipé ahora ya hace 20 años, enmarqué portadas de TBO en mi casa donde estaba mi idolatrado dibujante. Gracias Josep, por todo lo que diste, y todo lo que transmitías y sigues haciendo. Como curiosidad, estos reyes regalaré a mi hermana, otra gran fan de él, una ampliación de una de nuestras historietas preferidas "Nochevieja sin palabras".Memorable. A su familia y allegados, solo transmitirles mi sana envidia de haber podido compartir su vida y momentos, y toda la salud del mundo.


Cristián S.: Una lástima el silencioso y sangrante olvido que padecieron (y padecen) muchos artistas cruciales en el devenir de la historia de este país y más en un mundo tan restringido como es el del cómic español.

Sin duda, Coll es uno de los puntales de la historieta humorística de nuestro país y su legado se asemeja sin rubor a los aportados por los más grandes; Vázquez, Escobar, Cifre, etc...

Un placer leer este artículo que hace emerger su figura en un medio como la net.

Saludos.

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