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La crisis de las punto com

La primera crisis de internetMuy probablemente la persona que lee este articulo habrá oído hablar de la "crisis de las punto com", la cual sacudió con fuerza el mundo de Internet a finales del siglo pasado e inicios del actual.

No obstante, el críptico lenguaje bursátil así como el difícil idioma empresarial hace que en ocasiones el ciudadano de "a pie" no entienda apenas nada del tema, conociendo solo parcialmente la historia y encima de oídas. De hecho, ni los mismos expertos tienen bien claro que factores provocaron el desastre, discutiendo todavía hoy en día como se desarrolló la citada crisis.

Como no es nuestra intención que la lectura de este articulo provoque dolor de cabeza al lector/a, permita que dejemos a un lado palabras técnicas, índices NASDAQ, fechas clave o nombres propios que solamente conocen los profesionales del tema para explicar de forma sencilla y llana en que consistió la denominada "crisis de las punto com". Si usted busca una explicación exhaustiva y sesuda del tema con la aportación de números y más números, lamentamos decirle que este no es su artículo.

Para iniciar nuestra explicación deberemos desplazarnos hasta finales de la década de los setenta e inicios de los ochenta, momento en el cual una buena mayoría de empresas relacionadas con la microinformática empezaban a sobresalir a nivel mundial. Enfocando sus productos hacia un tipo de consumidor medio, literalmente invadieron los hogares de diversos continentes con sus productos: Microordenadores, videoconsolas así como software de entretenimiento o gestión casera.

Algunas de estas compañías nacidas modestamente en un garaje y por iniciativa de personas jóvenes, casi de la noche a la mañana se convirtieron en auténticas gigantes. No obstante, no todo era positivo en este asunto, pues precisamente debido a este crecimiento se convirtieron en las "culpables" (nótese el entrecomillado) que muchas empresas jugueteras así como editoriales se hundiesen. Los chicos y chicas empezaron a abandonar el juguete tradicional para jugar a "marcianitos" o utilizar el nuevo ordenador como práctica enciclopedia. Ni las jugueteras primero ni las editoriales años después fueron capaces de adaptarse a los nuevos ritmos que marcaban las compañías de microinformática. Sencillamente desconocía que estaba sucediendo al no poder analizar antecedentes similares, enfrontándose a un enemigo nuevo al que se había subestimado.

Pero la situación no únicamente fue una sorpresa para las empresas afectadas por tal competencia, sino que también lo fue, y mayúscula, para aquellos inversores que confiando en personas casi sin experiencia en el mundo de los negocios no solamente recuperaron su dinero, sino que atónitos contemplaban como se multiplicaba. La microinformática llegó a los hogares para quedarse definitivamente.

Con la llegada de Internet así como su popularización a mediados de los noventa, muchas personas consideraron que podía repetirse una nueva oleada de nuevas empresas tecnológicas cuyo crecimiento podía ser semejante o superior al que experimentaron las compañías de microinformática. Por tanto, con la lección aprendida de la situación anterior muchas personas empezaron a invertir en dichas compañías. Asimismo, esas eran épocas de cierta bonanza económica, lo cual provocó que existieran fondos que arriesgar "jugando" en la bolsa.

Fue así compañías nacidas poco tiempo antes se vieron favorecidas por esta confianza por parte de los inversiones. Aunque surgieron empresas que se encontraban bien orientadas gracias a un buen plan de negocios, lo cierto es que cada vez abundaron más proyectos nacidos de la nada y con el solo objetivo de captar inversiones, los cuales cada día eran más aparte que más inexpertos.

A esto coincidió la poca experiencia que todo el mundo (tanto inversores como las propias compañías) tenían de Internet como marco para negocios. Se trataba de un lugar muy nuevo y sin apenas experiencia a la hora de predecir pautas de consumo. Para orientarse simplemente se tomó la experiencia de ámbitos como los de la televisión, radio o periódicos, suponiendo que Internet se comportaría más o menos igual. Tal y como ahora sabemos gracias a experiencias como la que nos dio esa crisis, Internet es un medio de comunicación totalmente diferenciado de los citados, existiendo notables e importantes particularidades.

Con el paso de los meses se fue creando una corriente de inversores ávidos de poner su dinero en cualquier proyecto fuera cual fuera su finalidad. En ocasiones como más loco mejor era considerado determinado proyecto, con la esperanza que sucediera "algo" que elevara la compañía a lo más alto o que un golpe de suerte lo facturara al paraíso de los negocios lucrativos.

Muchos inversores aceptaban que ciertas empresas nunca ganarían dinero, aunque el hecho de estar bien posicionadas en la bolsa era motivo más que suficiente para sus aspiraciones. Por su parte, las compañías tecnológicas aceptaban que no sabían como ganar dinero en el futuro aunque tampoco sentían el más mínimo pudor al afirmar que "ya se les ocurriría alguna cosa". Tenían visitas, tenían datos de los visitantes y según su criterio tenían una fuerza latente que emplearían copiando la idea de algún genio de los negocios pionero en rentabilizar las webs. Lo que no contaban era que la paciencia de los inversores se estaba agotando y que tal panacea nadie la hallaría.

Era evidente que tal situación no podía durar mucho y pronto grandes inversores decidieron empezar a retirar sus fondos de las compañías tecnológicas ante el temor que el negocio se desplomase de un día para otro. Lentamente otros inversores empezaron a hacer lo mismo y la burbuja más que reventar se desinfló con el paso de los meses.

Sin fondos muchas de estas compañías basadas en su presencia en Internet decidieron cerrar sus puertas, originándose una debacle y hasta el omento sin precedentes en el mundo de la red, llegando a su momento más bajo en el año 2001 cuando (de nuevo erróneamente) muchas personas consideraron que Internet era una moda que ya había terminado.




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